La presidenta del Instituto Forestal Nacional, Cristina Goralewski, explicó que el objetivo es pasar de estimaciones generales a datos verificables: “Hoy Paraguay puede medir mejor, controlar mejor y responder con mayor eficacia”.
El cambio metodológico modifica el debate ambiental; es decir, no se trata únicamente de cuánto bosque existe, sino de la credibilidad del dato.
Más datos para la gestión sostenible
Según lo expuesto por la presidenta del Infona, el 44,4% del territorio nacional mantiene cobertura forestal, equivalente a 17,76 millones de hectáreas. De ese total, el 82,7% corresponde a bosques nativos, principalmente en la Región Occidental.
La titular del ente sostuvo que la información “fortalece la línea base forestal del país” y permite tomar decisiones públicas comparables a nivel internacional, además de facilitar el acceso a mercados ambientales exigentes.
Desde la perspectiva de la sostenibilidad, estos datos posicionan al bosque como infraestructura natural: regula el agua, almacena carbono y sostiene la biodiversidad.
La señal ambiental más relevante
Uno de los puntos centrales del informe fue la dinámica de la deforestación. Entre 2022 y 2023 se registró la menor tasa de cambio de uso del bosque nativo en casi 20 años.
En el Chaco, además, el 87,4% de las intervenciones se realizó bajo planes aprobados, lo que —según la institución— refleja mayor cumplimiento normativo y no simplemente expansión desordenada.
“Contar con información transparente es clave para planificar políticas forestales de largo plazo”, afirmó la autoridad durante la presentación.
Control: el nuevo sistema como eje ambiental
El sistema de alertas tempranas incrementó sus reportes en un 47% entre 2023 y 2024, mientras que las denuncias por cambios de uso aumentaron más de un 150% entre 2022 y 2024.
Lejos de interpretarse como mayor daño ambiental, el gobierno lo vincula con una mayor capacidad de control territorial.
En términos de sostenibilidad, el mensaje es claro: la conservación ya no depende solo de restricciones, sino de monitoreo permanente.
El desafío ahora no es únicamente conservar bosques, sino sostener información confiable que convierta la evidencia en política climática.