“El agua ya no se absorbe y es conducida por calles asfaltadas o pavimentadas, mientras la topografía y la ciudad no cambian. Esto hace que el agua siga su mismo camino y aumenten los raudales”, explicó Kublik, apuntando a la impermeabilización masiva del terreno como el problema central.
Esta mirada técnica encuentra eco en la experiencia política y profesional del arquitecto y exconcejal de Asunción, Luis Boh, quien profundizó en las causas estructurales que nos llevan a repetir la misma escena cada vez que llueve con intensidad. “Lo que menciona Kublik es así. La cuestión es que nuestro problema para tantas cosas es que fijamos la atención en los efectos y no en las causas”, sentenció Boh.
Para el exconcejal, esta dinámica es recurrente en la gestión de la ciudad. “Las causas implican previsión y planificación a largo plazo. Ese es el primer problema. Faltan medidas compensatorias, paliativas y mitigadoras, pero tampoco se llega al fondo”, agregó.
Boh contrastó esta realidad con lo que ocurre en urbes que lograron cierto equilibrio con su entorno. “En ciudades donde se planifica a mediano y largo plazo, donde se tiene conciencia de los procesos urbanos, se implementan medidas”, señaló.
El problema local, insistió, es que el debate público suele reducirse a lo urgente y más visible. “Si solo se habla de cañerías y sumideros, estamos enfocándonos en la última parte de la infraestructura. Ahí ya es tarde. El agua ya hizo el daño”, comentó.
El exconcejal puso el acento en un factor que a menudo queda fuera de la discusión: la revitalización del medioambiente como parte del sistema hídrico. “El calor y la arborización para succionar el agua son aspectos de suma relevancia. Ya no tenemos superficies absorbentes. Hoy contamos con muchas estaciones de servicio, estacionamientos y cada vez más áreas asfaltadas. Eso genera raudales”, advirtió.
Frente a este panorama, Luis Boh mencionó soluciones que ya se aplican en otros lugares, pero que aquí brillan por su ausencia. “Una medida que se toma en las ciudades inteligentes es generar espacios de absorción específica donde hay acumulación. Se deben preparar zonas para retener caudales de agua hasta que se vayan liberando las redes de desagüe. Áreas verdes que funcionen como reservorios transitorios. Acá no se hace nada”, sugirió.
Pero el arquitecto no se detiene en lo técnico y apunta a un entorno adverso que impide cualquier transformación profunda. “Hay un problema grave de competencia y de asumir las responsabilidades. Tenemos inseguridad jurídica, burocracia incompetente y corrupción. Esto está señalado por el Banco Mundial”, enfatizó.
Por último, aseveró que Paraguay cuenta con grado de inversión, pero no posee clima de negocios. “Lo primero sirve para el sector financiero. No les resulta atractivo al inversor”, opinó.