El comité está integrado por 68 socios, de los cuales entre 18 y 20 comercializan leche cruda de manera constante. El resto complementa la cadena con elaboración artesanal de queso, pero el eje del negocio está en el acopio, enfriamiento y comercialización hacia la cooperativa Pindó, que a su vez canaliza la producción hacia la industria láctea.
La producción actual equivale a cerca de 80.000 litros mensuales, con meses que alcanzaron los 90.000 litros. En 2025, el volumen total comercializado rondó los 900.000 litros, y la meta para este año es clara: superar el millón de litros anuales.
El crecimiento no solo responde a una mayor cantidad de animales, sino a una mejora integral del sistema productivo. “Se mejoró el suelo, se mejoró el forraje y se mejoró el sistema de comercialización. Hay un antes y un después”, explicó Jorge Guerrero, técnico del comité.
La cooperativa retira la producción día de por medio, sin interrupciones, incluso en feriados. Y un dato clave para el negocio: no existe techo de compra. Se produzca el volumen que se produzca, la leche se retira.
Inversión estratégica que cambió la escala
El punto de inflexión llegó en 2024 con el acompañamiento del Proyecto de Inserción a los Mercados Agrarios (PIMA), que dotó a la organización de maquinaria para la producción de heno (cortadora, rastrillo y enfardadora), una encaladora para la mejora de suelos, un tanque enfriador de 5.000 litros y un camión de 4.500 kilos con sistema de refrigeración para el transporte de sus lácteos.
La incorporación de la encaladora permitió corregir suelos y mejorar el rendimiento de cultivos forrajeros. La producción de heno, inexistente en la zona hasta entonces, comenzó a realizarse localmente, reduciendo costos y garantizando reservas estratégicas para el invierno.
En paralelo, el tanque de 5.000 litros permitió concentrar el volumen proveniente de seis pequeños tanques distribuidos entre los socios. La lógica es clara: un mayor volumen concentrado en un solo punto mejora el poder de negociación y permite acceder a un plus en el precio.
“El volumen es muy considerado. Venir a retirar gran cantidad desde un solo lugar mejora el valor que se paga”, señaló Guerrero.
Además, está pendiente la incorporación de un tanque montado sobre camión, que optimizará la recolección desde distintos centros de acopio dentro de la organización.
La extracción se realiza mediante ordeñadoras mecánicas en cada finca, lo que garantiza estandarización. La mayoría trabaja con la raza Holstein (holandesa) por su alto volumen de producción, aunque algunos incorporan Jersey para elevar el contenido graso, un parámetro clave en la liquidación de la industria.
La alimentación combina ensilado de maíz, balanceado y subproductos industriales como germen de maíz, además de heno para categorías específicas. La estrategia apunta a sostener una producción constante durante todo el año.
El principal cuello de botella hoy no es el mercado, sino la energía eléctrica. Los sistemas de enfriamiento demandan alta potencia y el crecimiento productivo exige mayor estabilidad en el suministro.
Aun así, el panorama es favorable. Con infraestructura instalada, productores motivados a expandirse y un mercado asegurado, Campito avanza hacia su próximo hito: consolidarse como una referencia asociativa en la lechería de Caazapá y superar el millón de litros anuales.
En números, la historia es contundente. En visión de negocio, el techo todavía está lejos.