Cuando lo básico vale oro: por qué el viejo Nokia 1100 vuelve a interesar a coleccionistas

Hace poco más de dos décadas, el Nokia 1100 —un teléfono sin cámara, internet ni pantallas táctiles— se convirtió en compañera inseparable de millones de personas en todo el mundo. Presentado en 2003 como un dispositivo básico, accesible y extremadamente resistente, su propuesta simple (llamadas, SMS, menú monocromático y el mítico Snake) era parte del ADN tecnológico de la época.

En su debut, el 1100 fue un éxito de mercado global: con más de 250 millones de unidades vendidas, hoy es oficialmente el teléfono móvil más vendido de la historia. En su momento costaba cerca de 100 dólares —una cifra accesible para un dispositivo funcional en un mundo donde la telefonía celular estaba lejos de ser ubicua—.

Pero más allá de los números de venta, lo que resulta sorprendente es cómo este teléfono ha trascendido su utilidad original. En pleno 2026, cuando incluso los celulares más modestos ofrecen cámaras de alta resolución, internet 5G y cientos de apps, el Nokia 1100 vuelve a aparecer en subastas y plataformas de compraventa, no como herramienta de comunicación, sino como pieza de colección.

En sitios como eBay o Mercado Libre todavía se ofrecen unidades de este modelo clásico, y su precio depende fundamentalmente de su estado y de si conserva la caja o accesorios originales. Mientras muchos ejemplares usados rondan precios moderados (entre 25 y 100 dólares), aquellos que están sellados o en impecable condición pueden superar incluso el precio al que se vendían en 2003.

Este fenómeno no es exclusivo del 1100, pero su caso sirve como ejemplo de una tendencia mayor: la tecnología que marcó la infancia o juventud de generaciones enteras está siendo revalorizada por coleccionistas y nostálgicos. Dispositivos que una vez parecieron obsoletos hoy son buscados por su significado cultural, su diseño minimalista y su rareza en buen estado.

¿Cómo explicar este regreso? Para algunos analistas, el interés responde a la nostalgia, sí, pero también a la búsqueda de autenticidad y simplicidad en un universo tecnológico cada vez más complejo. Donde los smartphones de última generación compiten por inteligencia artificial, cámaras multicapa y funciones interminables, el 1100 recuerda una época en que el teléfono era eso: un teléfono — resistente, simple y confiable.

Además, esta revalorización encaja en una tendencia más amplia en el mercado retro tecnológico: objetos que simbolizan hitos culturales o avances tecnológicos del pasado están siendo coleccionados, archivados y exhibidos, tanto virtual como físicamente. Así como existen coleccionistas de vinilos, cámaras analógicas o consolas clásicas, los celulares vintage forman parte de un patrimonio tecnológico que habla de cómo vivíamos y nos comunicábamos antes del boom de los smartphones.

Aunque hoy muchos de nosotros ya no usemos el Nokia 1100 para hacer llamadas, su regreso como icono de diseño y objeto de deseo demuestra que hay valores —historia, memoria y significado cultural— que no se deprecian con el tiempo. En un mundo obsesionado con lo nuevo, los recuerdos también se cotizan.

La Costanera sumará un nuevo símbolo: un monumento de casi 11 metros a Nuestra Señora de la Asunción

(Por BR) Asunción sumará en los próximos días un nuevo símbolo urbano y religioso. La capital contará con un monumento de gran escala dedicado a Nuestra Señora de la Asunción, patrona y fundadora espiritual de la ciudad, que será emplazado en el paseo central de la Costanera, detrás del Palacio de Gobierno. La obra demandó más de un año de trabajo, tendrá cerca de 11 metros de altura y será inaugurada, si el cronograma oficial se mantiene, entre el 14 y el 15 de agosto, coincidiendo con las celebraciones por el aniversario de la capital.

Le dijeron que nadie imprimiría de madrugada: la idea que convirtió a Printos en la imprenta 24 horas que emplea a 45 personas

(Por NL) Todo comenzó hace unos 15 años con una computadora que tenía en su casa, una impresora de escritorio y un pequeño local de apenas dos por tres metros. A partir de esos recursos, nació lo que finalmente se convertiría en una de las imprentas más reconocidas de Asunción. Sin embargo, el crecimiento de Printos no se explica solo por la inversión en equipos o la ampliación de servicios, que al inicio eran muy limitados, sino también por una decisión que tomó posteriormente su fundador, Luis Enrique Rene Melzer Resquin: mantener el negocio abierto las 24 horas cuando prácticamente nadie creía que pudiera funcionar.