El primer elemento que explica este rezago aparece en la propia estructura del viaje. El 68,5% de los turistas organizó su visita por cuenta propia, sin paquetes turísticos. Este dato refleja un mercado más independiente, pero también menos articulado. La menor presencia de paquetes limita la capacidad del destino para captar flujos masivos, especialmente en mercados lejanos donde los operadores cumplen un rol clave en la decisión de viaje.
A esto se suma la concentración geográfica de la oferta. Lima captó el 70,6% de las visitas y Cusco el 38,2%, lo que evidencia una fuerte dependencia de pocos destinos. Esta centralización reduce el tiempo de estadía promedio en otras regiones y limita la diversificación del producto turístico, un aspecto que otros países de la región lograron capitalizar mejor en la pospandemia.
El comportamiento del turista también influye en la recuperación. El 43,3% de los visitantes recorrió solo una región, lo que indica viajes más cortos o menos integrados. Aunque la permanencia promedio se ubicó en 9 noches, este número se explica en gran medida por turistas de larga distancia, mientras que el visitante regional —clave para el volumen— permanece menos tiempo y gasta menos.
En términos de gasto, el promedio alcanzó los US$ 1.104 por turista, con una diferencia marcada según el tipo de ingreso. Quienes llegaron por el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez gastaron en promedio US$ 1.411, mientras que los que ingresaron por fronteras apenas alcanzaron US$ 314. Este contraste muestra una oportunidad: Perú atrae visitantes, pero no siempre logra captar alto valor económico en todos los segmentos.
Otro factor relevante tiene que ver con la percepción. Aunque el 84,7% de los turistas consideró al país seguro y el índice de satisfacción alcanzó 89,9 puntos, persisten alertas externas que inciden en la decisión de viaje. Casi la mitad de quienes percibieron inseguridad mencionó advertencias previas o noticias internacionales como motivo, lo que demuestra que la imagen país todavía enfrenta desafíos en mercados emisores.
El motivo del viaje también explica parte del fenómeno. Si bien el 66,5% llegó por vacaciones, un 14,9% lo hizo para visitar familiares y un 13,8% por negocios. Este mix evidencia que una parte importante del flujo no responde al turismo tradicional, sino a vínculos personales o laborales, lo que reduce el impacto directo de las estrategias de promoción turística.
A nivel regional, Perú compite en un escenario donde otros destinos avanzaron con mayor agresividad comercial y conectividad. Países que integran circuitos multidestino o que fortalecieron su conectividad aérea lograron captar la demanda reprimida tras la pandemia. En cambio, Perú todavía presenta una recuperación más gradual en estos frentes.
Sin embargo, los datos también muestran señales positivas. El 76,4% de los turistas se posiciona como promotor del destino y lo recomendaría, lo que abre una ventana de oportunidad. La experiencia en el país resulta altamente valorada; el desafío pasa por transformar esa satisfacción en mayor volumen de llegadas.
En síntesis, Perú registró en 2025 un nivel de llegadas internacionales todavía inferior al de 2019. La menor articulación comercial, la concentración de destinos, las diferencias en el gasto y la incidencia de la percepción internacional influyeron en este resultado. Estos factores permiten entender por qué el flujo de turistas aún no alcanzó los niveles previos a la pandemia.