“Todo el mundo veía como una locura”, recordó Giménez sobre los inicios del proyecto. La idea nació cuando le ofrecieron un terreno en Valenzuela y quedó impactado por la vista del lugar. “Tenía un sueño de niño de hacer cabañas y dije: acá puedo hacerlo”, relató en conversación con InfoNegocios.
El entusiasmo inicial chocó rápidamente con la realidad económica, pues no tenía el capital suficiente para desarrollar el complejo, así que decidió avanzar de todos modos.
Construir con lo que había
“Sabía que no era fácil por la inversión y por todo lo que yo pensaba construir. Empecé haciéndolo, saqué préstamos y como estoy en el rubro de la construcción llevé a parte de mis albañiles para empezar”, contó.
La obra comenzó hace casi cinco años y el primer objetivo fue levantar dos cabañas. El proceso fue lento y artesanal: construir por etapas, terminar una parte, volver a conseguir recursos y seguir avanzando.
“Prácticamente en un año terminé dos cabañas porque son bastante costosas y yo no tenía el dinero suficiente. Fui haciendo de a poco”, explicó.
Con el tiempo, el propio negocio empezó a financiar su crecimiento. Los ingresos generados por las primeras unidades permitieron construir nuevas cabañas y ampliar el complejo.
“Después la tercera cabaña ya hice con lo que generaban las dos primeras. También terminé de pagar mi préstamo e hice uno nuevo para seguir construyendo”, señaló.
Un Santorini con alma paraguaya
Lo que más llama la atención de Tava Sunset es su estética. Las cabañas recuerdan a las construcciones blancas y curvas de Santorini, pero reinterpretadas con materiales y costumbres locales. Techos de paja, quinchos, columnas redondeadas y espacios pensados para el asado y el tereré forman parte del concepto.
“Queríamos hacer algo rústico pero moderno al mismo tiempo. Por eso usamos la paja”, explicó Giménez.
La idea también estuvo influenciada por su visión sobre el turismo interno y la forma en que los paraguayos disfrutan los viajes cortos.
“Cuando me decían que era muy lejos, yo pensaba que no podía ser el único loco que quisiera hacer su tereré e irse por ahí. Hay gente que disfruta el camino. También pensé en lo que le gusta al paraguayo, un buen asado, por eso construimos un quincho al lado”, dijo.
Incluso algunos detalles arquitectónicos surgieron durante la construcción misma. “Las columnas redondas fueron idea de mi contratista. Él me dijo que, ya que el diseño era redondo, convenía hacer columnas redondas también. Así fuimos ideando y mejorando cosas en el camino”, recordó.
Cuánto cuesta alojarse en Tava Sunset
Actualmente, hospedarse en el complejo tiene un costo que parte desde G. 1.300.000 por noche en las cabañas más pequeñas. Durante la temporada alta de verano, la tarifa puede alcanzar los G. 1.800.000.
“Mucha gente a veces dice que es caro, pero también es muy costoso mantener un lugar así. Hay gastos de limpieza, mantenimiento del patio, energía, combustible y muchos detalles que el huésped no ve”, explicó Giménez.
La propuesta apunta a quienes buscan una experiencia de desconexión en plena naturaleza sin resignar comodidad. Las cabañas cuentan con piscina privada, quincho con parrilla, habitaciones con vista panorámica y espacios diseñados para privilegiar la privacidad y el descanso. El establecimiento también incluye desayuno y senderos que conducen a un arroyo rodeado de vegetación.
Un emprendimiento que sigue creciendo
Hoy Tava Sunset cuenta con cuatro cabañas operativas y se encuentra en plena expansión. Una nueva unidad fue inaugurada recientemente y otras dos se sumarán al proyecto, llevando la capacidad total a seis cabañas.
A pesar del crecimiento, Giménez sigue involucrado personalmente en el día a día del complejo. Vive en Asunción, pero viaja con frecuencia a Valenzuela para supervisar el mantenimiento y asegurarse de que cada detalle esté en condiciones.
“Uno busca una buena cama, una buena ducha, una buena toalla. Todos esos aspectos cuidamos muchísimo”, afirmó.
La lección detrás de la apuesta
Más allá del negocio, Giménez asegura que el proyecto le dejó una enseñanza personal profunda. Hubo momentos en los que dudó y pensó que el desafío lo superaba, pero decidió seguir adelante.
“Aprendí que nada es imposible. Hubo momentos en los que dije: ‘¿Dónde me metí?’, pero después pensé que tenía que lograrlo. Siempre luché por lo que quise”, expresó.
Hoy, mientras continúa ampliando el complejo y sumando nuevas cabañas al paisaje de Valenzuela, sintetiza su experiencia con una frase que, según él, terminó guiando todo el proyecto: “Por más difícil que parezca, muchas cosas dependen de nosotros mismos”.