La firma estuvo a cargo de la denominada “arquitectura interior” del complejo: sistemas de cerramientos livianos que permiten organizar, delimitar y estructurar los distintos ambientes de trabajo sin necesidad de recurrir a obra civil tradicional.
Fundada en 1995, Mobiliarte nació a partir de la visión de su fundador, Edson Koerich, quien introdujo al mercado paraguayo propuestas premium vinculadas al diseño y mobiliario de alta gama. Con el paso de los años, la compañía evolucionó hasta convertirse en una firma enfocada en soluciones integrales de mobiliario y diseño, tanto para espacios residenciales como corporativos, trabajando con marcas internacionales como Florense y Caderode.
Dentro del segmento corporativo, la empresa se especializa en divisorias piso-techo, mobiliario para oficinas y equipamientos orientados a combinar funcionalidad, privacidad, confort acústico y diseño contemporáneo. Su propuesta, explicaron desde la firma, no se limita a dividir espacios, sino a desarrollar ambientes corporativos eficientes y alineados con la identidad institucional de cada cliente.
En el caso específico de las nuevas oficinas gubernamentales, el sistema implementado combina estructuras de aluminio, paneles de MDF revestido y superficies vidriadas, una solución que permite configurar espacios cerrados o abiertos según las necesidades operativas de cada dependencia.
El proyecto incluyó la creación de mesas de entrada, salas de reuniones, oficinas privadas, auditorios, salas de lactancia y espacios colaborativos con divisiones estratégicas. Según explicaron desde la empresa, uno de los principales objetivos fue optimizar y organizar los ambientes de trabajo con una lógica flexible que permita futuras modificaciones sin grandes intervenciones estructurales.
Uno de los principales atributos del sistema es precisamente su adaptabilidad: las divisorias pueden desmontarse, reubicarse y reconfigurarse conforme cambien las necesidades, distribuciones o jerarquías dentro de la organización.
Desde Mobiliarte señalaron que esta flexibilidad responde a una transformación más amplia en la concepción de los espacios laborales. “Las oficinas ya no se diseñan únicamente para trabajar, sino también para generar bienestar, productividad y una mejor experiencia para las personas”, afirmaron.
En ese contexto, conceptos como la neuroarquitectura ganan protagonismo, priorizando el ingreso de luz natural, la integración visual, el confort acústico y entornos más humanos y funcionales. Las soluciones en vidrio, aluminio y aislamiento acústico permiten precisamente alcanzar ese equilibrio entre privacidad y colaboración, sin resignar amplitud ni estética.
La demanda de este tipo de equipamientos crece tanto en el sector privado —particularmente entre bancos, corporaciones, estudios profesionales y compañías tecnológicas— como en instituciones públicas que buscan modernizar sus oficinas y adaptarlas a nuevas dinámicas de trabajo.
Más allá del mobiliario tradicional, el proyecto refleja cómo el diseño de los espacios estatales empieza a incorporar criterios contemporáneos de flexibilidad y eficiencia. En esa lógica, incluso las “paredes” dejan de ser estructuras fijas para convertirse en sistemas dinámicos, desmontables y reconfigurables, pensados para acompañar la evolución de las instituciones y hacer más eficiente la gestión del espacio.