La ingeniera de alimentos Fátima Díaz Cáceres, docente investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNA, desarrolló una tesis de maestría enfocada en encontrar alternativas innovadoras para la industrialización del mango naturalizado en el país. Su estudio se centró en evaluar variables del proceso de concentración por membranas para la obtención de jugo concentrado a partir de mango Mangifera indica L., utilizando pulpas recolectadas en tres zonas del territorio nacional.
El punto de partida fue claro: el mango criollo, que crece de forma espontánea a partir de semillas, madura rápidamente y tiene una vida útil muy corta. En un plazo de siete a nueve días debe ser procesado; caso contrario, se pierde. “Es una fruta climatérica y muy perecedera. Sin industrialización, termina viéndose como desperdicio cuando en realidad tiene un enorme potencial alimentario y productivo”, explicó Díaz.
A escala de laboratorio, la investigación determinó parámetros clave de calidad de la pulpa, como rendimiento, pH, acidez, humedad, contenido de cenizas y concentración de azúcares. Estos datos permitieron evaluar la viabilidad de un proceso de concentración de jugo mediante el uso de membranas con fibras huecas de polipropileno, una tecnología que permite extender la vida útil del producto sin alterar sus propiedades sensoriales y nutricionales.
Los resultados fueron alentadores. El mango paraguayo presenta características muy similares a variedades industrializadas en países como México, Brasil o Ecuador. Si bien en Paraguay aún no existe una clasificación taxonómica precisa que permita identificarlo formalmente como variedad, sus niveles de fibra, azúcares y contenido de agua lo posicionan como un insumo competitivo para la elaboración de jugos concentrados, pulpas congeladas y productos envasados asépticamente.
Pero el alcance del trabajo no se limita al jugo. Uno de los ejes centrales fue el aprovechamiento integral del fruto, alineado con criterios de sostenibilidad y economía circular. A partir de los residuos del procesamiento, la investigadora avanzó en nuevas líneas de estudio: extracción de pectina desde la cáscara, obtención de carotenoides a partir de la fibra residual y análisis del potencial de la semilla para la extracción de aceite o incluso su uso como fuente energética.
“Pensar en industrialización sin generar nuevos residuos es clave. El mango permite múltiples aprovechamientos que pueden vincularse no solo a la industria alimentaria, sino también a otros sectores productivos”, señaló.
El principal cuello de botella identificado no está en la tecnología, sino en la logística y la organización productiva. La mayoría de los mangos no proviene de plantaciones concentradas, sino de árboles dispersos en todo el país. Esta realidad dificulta la recolección, los controles fitosanitarios y la trazabilidad, factores esenciales para cualquier proceso industrial.
A ello se suma la necesidad de un mayor trabajo agronómico y taxonómico. “Hay una deuda pendiente en estudiar en profundidad el mango que crece naturalmente en Paraguay. Con investigación agronómica se podría avanzar hacia modelos productivos más ordenados y sostenibles”, afirmó Díaz.
En un contexto donde la agroindustria y la sostenibilidad ganan peso en la agenda productiva, el mango paraguayo aparece como una oportunidad concreta. El desafío está en pasar de la abundancia estacional al desarrollo de una cadena industrial capaz de transformar ciencia en valor y fruta en negocio.