La cultura organizacional constituye el marco de valores y prácticas que guían las decisiones y comportamientos dentro de una empresa. Cuando la sostenibilidad se incorpora de manera genuina a esa cultura, deja de ser una acción aislada y pasa a orientar la forma de producir, gestionar y vincularse con el entorno, consolidándose como un pilar estratégico de largo plazo. El estudio Organizational Culture and Sustainability de Alan S. Gutterman señala que las organizaciones más exitosas en materia de sostenibilidad no se limitan a cambios superficiales, sino que transforman su cultura organizacional para garantizar un impacto duradero.
Este enfoque se refleja claramente en el modelo de las Empresas B, una certificación internacional que reconoce a aquellas organizaciones que miden y gestionan de manera integral su impacto social, ambiental y económico. A través de la Evaluación de Impacto B, las empresas analizan cómo toman decisiones y cómo sus políticas internas, prácticas cotidianas y formas de hacer negocios se alinean con criterios de sostenibilidad, evidenciando que el compromiso sostenible se expresa, ante todo, en la cultura organizacional.
Según Martha Cabello, directora ejecutiva de Sistema B Paraguay, este proceso se inicia desde las altas esferas de la empresa, a través del ejemplo del liderazgo, una comunicación clara y procesos coherentes. “Cuando los valores están presentes en las decisiones estratégicas, las políticas internas y los objetivos, el equipo los adopta y los vive de forma natural en el día a día”, explicó.
Cabello también destacó la importancia de la medición de los indicadores como clima laboral, eficiencia de procesos, impacto social y ambiental, y resultados económicos permiten evaluar cómo la sostenibilidad se traduce en la gestión concreta. “La Evaluación de Impacto B es una herramienta clave para medir, comparar y mejorar”, señaló.
Además, subrayó que la Certificación B está en constante evolución: “Sus estándares se actualizan para elevar la exigencia y poner el foco en la mejora continua, la gestión de riesgos y el impacto real. Esto impulsa a las empresas a integrar la sostenibilidad de manera más profunda, medible y transversal en toda la organización”.
La sostenibilidad no debe abordarse como una acción independiente, sino como un elemento estructural de la cultura organizacional. Sólo cuando forma parte del modo de pensar y actuar de las empresas es posible generar impactos sostenibles en el tiempo, con beneficios reales para la organización, la sociedad y el entorno ambiental.