De acuerdo con el índice de EF Education First, países como Argentina, Honduras, Uruguay y Paraguay lideran en la región en cuanto a nivel de inglés. Este dato, que a primera vista puede resultar inesperado, refleja una tendencia que se viene gestando desde hace años. Para Yan Esperanza, rector de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), este posicionamiento genera incluso cierto asombro.
“Es notorio y sorpresivo que Paraguay figure como uno de los primeros países en la región en nivel de inglés. Si bien esto también se debe a que, de un tiempo a esta parte, hubo una cantidad importante de institutos de inglés que declaran tener muchos estudiantes, y también a que las familias entendieron que los hijos necesitan estudiar inglés”, dijo.
A esto se suma un cambio cultural en las familias paraguayas, donde el aprendizaje del idioma se consolidó como una de las principales actividades extracurriculares.
“Cuando se piensa en una actividad fuera del colegio, suele ser el deporte o, fundamentalmente, el estudio del inglés”, señaló Esperanza.
Este cambio generacional, a diferencia de los adultos que crecieron en un contexto donde el idioma no era percibido como una necesidad, muestra que los jóvenes actuales lo consideran una herramienta básica. La diferencia es visible no solo en Paraguay, sino en toda la región, e incluso en otras partes del mundo.
“En Europa o Asia, los jóvenes manejan el inglés con naturalidad, mientras que sus padres muchas veces no lo hacen. Esa misma realidad se replica acá”, explicó.
Más allá de los avances, la brecha sigue siendo evidente. El acceso al aprendizaje del inglés aún no es equitativo y continúa concentrado en sectores que pueden costear educación privada o cursos adicionales.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan esta situación: entre la población de 15 a 65 años que realizó algún curso no formal en 2025, de un total de 1.435.294 personas, solo 91.877 optaron por estudiar inglés. En contraste, áreas como informática (366.884) y belleza y estética (221.291) registran una mayor participación.
Esto pone en evidencia que, si bien el interés por el idioma crece, todavía no alcanza niveles masivos. El desafío, entonces, no solo pasa por mejorar los indicadores, sino por ampliar el acceso y democratizar el aprendizaje.
En el plano económico, el inglés se posiciona como un factor estratégico. Si bien la inversión extranjera directa llega a Paraguay principalmente por su estabilidad macroeconómica, disponibilidad de recursos y costos competitivos, el capital humano es un componente cada vez más determinante.
“Uno de los principales obstáculos para atraer más inversión es el stock de capital humano avanzado. Y dentro de eso, el manejo del inglés es un factor de competitividad”, subrayó Esperanza.
En este sentido, un mejor nivel de inglés puede convertirse en una ventaja adicional para el país. En un contexto donde Paraguay busca consolidarse como destino atractivo para inversiones, contar con profesionales capaces de comunicarse en el idioma universal de los negocios puede inclinar la balanza a favor.
Además, el inglés no solo impacta en el ámbito empresarial. En áreas como la investigación, la tecnología o la innovación, gran parte del conocimiento se genera y difunde en este idioma.
“Si uno quiere estar actualizado, los libros, las novedades y las innovaciones aparecen primero en inglés”, apuntó Yan.
Así, el dominio del idioma se transforma en una puerta de acceso a información, redes globales y oportunidades que trascienden fronteras. No se trata únicamente de hablarlo, sino de comprenderlo como una herramienta para integrarse a un ecosistema global cada vez más competitivo.