Melón japonés, la estrella de fin de año que aspira a incrementar su nivel de facturación

(Por SR) Curupicayty, comunidad del distrito de Itá, es reconocida por su tradición frutihortícola, donde el melón se convirtió en el cultivo estrella de fin de año. La fruta, muy demandada con la llegada del calor, hoy sostiene a unas 250 familias productoras que trabajan casi los 12 meses del año para abastecer a ferias, mercados y consumidores directos de todo el país. En diálogo con InfoNegocios, Gilberto Franco, síndico de la Asociación de Productores Frutihortícolas de Curupicayty, describe una temporada desafiante, marcada por el clima y por un mercado que empuja hacia arriba los costos, pero también por una demanda firme y por variedades que conquistan al consumidor.

El ciclo de producción del melón en la zona es prácticamente continuo. Aunque existen épocas de mayor intensidad, las siembras se suceden durante casi todo el año. La cosecha tempranera actual, por ejemplo, corresponde a las semillas que los productores colocaron en junio, previo al Día del Padre. Sin embargo, el frío intenso, los vientos fuertes y la sequía retrasaron el desarrollo normal de las plantas, extendiendo el ciclo a unos cinco meses. Aun así, la producción llegó a tiempo para la ventana de mayor consumo.

Franco detalló que cada temporada la comunidad maneja entre 5.000 y 10.000 cajas de melón, dependiendo de cómo se comporte el clima. Este año “fue un poco complicado” debido a las variaciones bruscas de temperatura y la presencia de enfermedades que se activan con humedad y calor excesivos. Sin embargo, la variedad tempranera —conocida como Sun Rich— logró destacarse por su resistencia y por la preferencia del público.

Ante las dificultades generadas por los problemas climáticos y con el objetivo de fortalecer su capacidad productiva, los productores de la zona fueron beneficiados por el Proyecto de Inserción a Mercados Agrarios (PIMA), ejecutado por el MAG con apoyo del Banco Mundial. Gracias a esta iniciativa, recibieron un camión de 3,5 toneladas con carrocería cerrada y equipo de cámara fría, además de mallas media sombra y cintas de goteo.

En Curupicayty también se cultiva la variedad conocida como melón japonés. Se trata de un tipo de fruta más dulce, de mayor duración poscosecha y muy elegido por consumidores que priorizan alimentos frescos y saludables, como el público fitness. La comercialización viene respondiendo de manera positiva: este año, la caja en finca arrancó en G. 65.000, dependiendo del tamaño de la fruta. Las presentaciones varían entre cajas de 10 y 12 unidades, y los valores pueden oscilar entre G. 40.000 y G. 65.000 según la calidad y la variedad.

Además, la comunidad cultiva frutilla, tomate, papa, sandía y otros productos de renta que permiten sostener ingresos diversificados durante el año. Esta estrategia brinda estabilidad a los productores ante temporadas en las que alguna fruta puede fallar. “No nos centramos en una sola fruta porque por ahí no acertás la temporada y ya tenés problemas”, afirmó Franco. La frutilla, por ejemplo, se mantiene con plantas que pueden durar hasta dos ciclos, mientras los productores prueban nuevos métodos para potenciar su rendimiento.

Curupicayty forma parte de una estructura organizativa sólida. La comunidad cuenta con unos 250 productores activos, de los cuales 54 están asociados formalmente. Sumando a las familias, la cadena involucra a más de 500 personas dedicadas exclusivamente a la frutihorticultura. La asociación, además, gestiona ferias permanentes en distintas zonas de Asunción, incluida la Costanera, el microcentro y eventos puntuales frente al Congreso. También opera un punto de venta en el Mercado de Abasto, aunque no posee contratos exclusivos con supermercados o grandes distribuidores.

De cara al cierre del año, el sector mantiene expectativas cautelosas. Si bien la demanda es alta y la producción local promete abastecer sin inconvenientes, los precios de los insumos presionan la rentabilidad. “Habría que ver cómo se comporta la venta, porque todo se encareció”, señaló Franco. No obstante, el dirigente consideró que el volumen de facturación será mayor que el del año pasado, justamente porque los precios finales acompañan la suba generalizada de costos.

La apuesta de Curupicayty es seguir fortaleciendo la producción del melón japonés y de la variedad tempranera, ambas con buena aceptación del mercado. Con casi un año entero de trabajo continuo, la comunidad confirma que el melón no es solo una fruta de temporada: es un motor económico para cientos de familias que encontraron en este cultivo una fuente estable de ingresos y un espacio para crecer.

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