Tradición que se construye: el negocio de los tatakuas da calor a la construcción artesanal con enfoque empresarial

(Por SR) Aunque el tatakua remite a la tradición ancestral guaraní y a la cocina familiar, su fabricación hoy implica una fusión entre saberes populares, materiales industriales y oportunidades de negocio. Jorge Dávalos y Jennifer Paiva, propietarios de Tatakua Paraguay, llevan ocho años construyendo hornos artesanales que se han ganado un lugar no solo en los patios familiares, sino también en cocinas profesionales de todo el país.

Desde su sede en Ciudad del Este, los emprendedores comandan una empresa que produce hornos de barro móviles y fijos con un método que privilegia la durabilidad, la seguridad alimentaria y la calidad térmica. El proceso de construcción, lejos de los métodos más rústicos (como los que emplean estiércol o barro crudo), combina ladrillos refractarios, arena especial que resiste hasta 1.450 °C, lana de vidrio y un acabado que puede incluir pintura o revestimiento cerámico.

"Nosotros no usamos excremento de animales, como sí se utiliza en métodos más tradicionales. Ese tipo de materiales puede afectar los alimentos", afirmó Dávalos en comunicación con InfoNegocios, diferenciando su propuesta de otras construcciones más tradicionales o improvisadas.

El negocio de Tatakua Paraguay no se limita a los hornos: la empresa también ofrece accesorios como puertas, termómetros, chimeneas, arenas y ladrillos refractarios, e incluso ollas de cerámica y piedra. Los insumos que se utilizan para la construcción de los hornos provienen, en su mayoría, de distintos puntos del país, aunque los componentes metálicos se importan de Brasil.

Según explicaron los profesionales, la fabricación de un horno puede tardar entre un día y medio, dependiendo de sus dimensiones, que en esta empresa pueden ser de diámetros internos de 80 cm, 1 metro y 1,20 metros. Este último, el más grande, está especialmente diseñado para uso gastronómico, siendo el favorito del creciente mercado de pizzerías artesanales. Según Dávalos, el 60% de su clientela proviene justamente del sector gastronómico.

En cuanto a la estacionalidad, Semana Santa sigue siendo la temporada más fuerte, con una duplicación en la producción. “Ahora mismo tenemos seis pedidos pendientes para entregar antes del miércoles santo”, comentó Dávalos durante la entrevista previa a la Semana Santa. Sin embargo, la demanda se mantiene a lo largo del año, con un promedio de 10 unidades vendidas mensualmente. Curiosamente, el verano registra mejores cifras de ventas que el invierno, algo que puede sorprender, considerando que el uso del horno suele asociarse a las fiestas o a climas frescos.

La empresa también realiza instalaciones in situ. “Generalmente, los clientes ya preparan la base en sus quinchos y nosotros vamos y montamos el horno”, explicó el emprendedor. Este modelo de trabajo mixto, que combina la venta del tatakua móvil con la instalación fija, permite una mayor flexibilidad y ha contribuido al alcance nacional del negocio. Tatakua Paraguay realiza entregas en todo el país y ya proyecta su próxima expansión: la apertura de una oficina en Asunción antes de fin de año, considerando que el 50% de sus clientes se encuentra en el área metropolitana de la capital.

El origen del emprendimiento fue casi accidental. “Trabajábamos en una metalúrgica cuando alguien vino a pedirnos una base para un tatakua. Hicimos la base y después se nos ocurrió construir uno completo, justo para Semana Santa. Lo hicimos, gustó y empezaron a llegar más pedidos”, recordó Dávalos. Lo que empezó como una idea experimental se transformó en un negocio sostenible que hoy apuesta por el crecimiento estructurado.

Con una vida útil estimada en 10 años, sujeta a un mantenimiento anual, los hornos de Tatakua Paraguay representan no solo un tributo a la cocina ancestral, sino también una oportunidad para el desarrollo de una industria artesanal que se afianza en criterios técnicos y visión empresarial.

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