Héroes desconocidos de nuestros jardines: el mykurẽ, guardianes de la biodiversidad

(Por BR) La zarigüeya, conocida localmente como mykurẽ, comparte nuestro entorno con una fauna sorprendentemente diversa que, en muchos casos, pasa desapercibida o es mal comprendida.

Con 18 especies registradas en el país, el Didelphis albiventris es la más común y visible, especialmente en zonas suburbanas y urbanas. Sin embargo, a pesar de su presencia cercana, su rol ecológico y su importancia en el equilibrio de los ecosistemas urbanos no siempre son reconocidos.

Según Loiken Knöpfelmacher, conocida como la Doctora Mykurẽ, “las zarigüeyas son animales marsupiales que demostraron una extraordinaria capacidad de adaptación al convivir con los humanos. El Didelphis albiventris, en particular, encontró en los patios y jardines urbanos un espacio para sobrevivir y desarrollarse”. Su dieta variada y sus hábitos los convierten en aliados indispensables en la lucha contra plagas y en la promoción de la biodiversidad.

Aunque esta especie no está actualmente en peligro de extinción, enfrenta una amenaza creciente debido a la pérdida de hábitats naturales. El avance de las construcciones y la reducción de las áreas verdes representan un desafío constante.

Knöpfelmacher comentó que lo preocupante es la disminución del marsupial en los barrios, “porque va a dar lugar a otros animales que sí son peligrosos para nuestros hijos, para nosotros mismos, como las ratas que nos pueden enfermar, las garrapatas -que también tienen enfermedades zoonóticas-, y los alacranes, que son muy peligrosos. Además de otros insectos o arácnidos que sí son muy perjudiciales para nuestra salud”, dijo.

Un aspecto crucial de las zarigüeyas es su papel como controladores naturales de plagas. “Muchas personas ven a estos animales con desconfianza o temor, creyendo erróneamente que representan un peligro para sus aves de corral. Sin embargo, los estudios científicos demostraron que esta percepción es infundada”, añadió Knöpfelmacher.

La Dra. Mykurẽ refirió que, en investigaciones realizadas sobre la dieta de las zarigüeyas, solo el 11,7% de los análisis de su materia fecal mostraron restos de plumas, lo que indica que el consumo de aves es mínimo. En cambio, un 82% de las muestras contenía semillas, lo que resalta su rol en la dispersión de plantas, y el 100% presentó restos de insectos y arácnidos. Esto significa que las zarigüeyas son depredadores eficientes de insectos y pequeños artrópodos, contribuyendo directamente al control de plagas que pueden ser perjudiciales para la salud humana y animal.

Uno de los mayores desafíos en la conservación de las zarigüeyas es la falta de conocimiento y conciencia sobre su rol en los ecosistemas. La educación ambiental puede ser una herramienta poderosa para cambiar esta situación.

Algunas personas, motivadas por buenas intenciones, intentan rescatar o cuidar zarigüeyas en cautiverio, sin entender completamente sus necesidades. “Estos animales son extremadamente sensibles al estrés y requieren un ambiente que simule su hábitat natural. Además, su dieta es complicada y costosa, y una alimentación inadecuada puede provocar una enfermedad metabólica ósea debido a la mala alimentación, lo que deriva en la muerte del animal”, manifestó la especialista.

 

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