Varela señaló que los propietarios de empresas —ya sean sociedades anónimas o SRL— son dueños de acciones o cuotas sociales que conforman su capital. Ese capital posee un valor económico que cobra especial relevancia cuando aparece la intención de vender la empresa total o parcialmente, incorporar socios o concretar operaciones de compra y venta. “Toda transacción necesita un precio, y ese precio surge de una valuación”, afirmó.
Más allá de las operaciones comerciales, el especialista destacó que la valoración también cumple un rol clave en la gestión patrimonial personal. Los empresarios necesitan conocer el valor de sus empresas para declaraciones juradas, solicitudes de crédito bancario o manifestaciones de bienes. Incluso, quienes ingresan a la función pública deben asignar un valor económico a sus participaciones empresariales dentro de su patrimonio.
Otro uso cada vez más frecuente de la valuación empresarial es el seguimiento del desempeño del negocio a lo largo del tiempo. Varela explicó que algunos empresarios valoran su empresa año tras año para observar si el negocio crece, se estanca o pierde valor. “Es como hacerse un análisis de sangre una vez al año, pero aplicado a la empresa”, comparó, al referirse a una herramienta que permite medir si se cumplen los objetivos y las mejoras proyectadas.
Al abordar los métodos de valuación, el experto aclaró que no existe una única fórmula. Sin embargo, señaló que el mercado coincide en un punto central: el valor de una empresa depende, principalmente, de su capacidad para generar ganancias. “Una empresa puede tener muchos activos, pero si no genera rentabilidad, pierde atractivo”, sostuvo. Según explicó, la eficiencia operativa y la calidad de la gestión pesan más que la cantidad de bienes.
En ese sentido, Varela remarcó que los análisis suelen centrarse en indicadores como el EBITDA (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización), que refleja la capacidad operativa del negocio antes de impuestos, intereses y depreciaciones, y en las utilidades finales que quedan para los accionistas. A partir de esos datos, los especialistas proyectan los resultados futuros, generalmente a diez años, y estiman cuánto dinero podrá generar la empresa en el tiempo.
Ese ejercicio implica analizar riesgos, calcular el costo del capital —tanto propio como financiado— y definir una tasa de descuento. Con esa tasa, los valuadores traen al valor presente los flujos de caja futuros y determinan cuánto vale hoy la empresa. “El empresario que compra busca renta y beneficio, no solo activos”, resumió Varela.
Consultado sobre si existen sectores mejor valuados que otros en Paraguay, el referente de PKF fue claro: el valor no depende del rubro, sino de la gestión. Empresas bien administradas pueden destacarse en sectores ganaderos, agrícolas, comerciales, industriales, inmobiliarios o financieros. Incluso dentro del sistema bancario, explicó, existen enormes diferencias de rentabilidad entre entidades que operan en el mismo mercado.
Varela destacó el dinamismo del sector exportador paraguayo, especialmente en alimentos, proteínas y cereales, así como el crecimiento del sector inmobiliario y la industria orientada a la maquila en zonas fronterizas. No obstante, insistió en que dentro de cada sector conviven empresas muy bien gestionadas con otras que no lo están, y esa diferencia impacta directamente en el precio final del negocio.
Finalmente, el especialista recomendó que los empresarios y ciudadanos incorporen nociones básicas de gestión financiera. Sin necesidad de volverse expertos, sostuvo que entender contabilidad, impuestos, activos, pasivos y rentabilidad permite tomar mejores decisiones. “Hoy uno puede no tener empresa, pero mañana puede entrar en un negocio. Y saber cómo se valora una empresa es una herramienta clave”, concluyó.
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