Así lo explica el Dr. Martin Burt, fundador y director ejecutivo de la Fundación Paraguaya y del Semáforo de Eliminación de la Pobreza, quien sigue de cerca las discusiones globales, aun cuando este año no participó presencialmente del encuentro. “El Foro Económico Mundial se lleva a cabo todos los años, desde hace 50 años, en Suiza, impulsado por un grupo de empresarios que buscan tener un lugar de reunión primero entre ellos y luego también con líderes políticos”, señaló.
Según Burt, “este año, evidentemente, la estrella fue Donald Trump, con su interés en comprar o hacerse cargo de Groenlandia, lo cual está causando una gran fisura en la alianza de la OTAN”. Pero Davos no se limita a los titulares políticos, ya que el futuro del trabajo y la inteligencia artificial ocuparon buena parte de la agenda. “Hay mucha incertidumbre: hay gente que es muy optimista y cree que la inteligencia artificial va a traer prosperidad ilimitada, y hay otras personas que creen que los ricos se van a hacer más ricos y los pobres más pobres”, advirtió.
A estas discusiones se suman encuentros sobre contaminación, nuevas energías, semiconductores, el futuro de internet y el rol de los emprendedores sociales. “Davos, durante la semana, es muy intenso. Hay como seis u ocho reuniones paralelas cada hora”, describió Burt, quien remarcó la importancia de escuchar a los principales tomadores de decisiones mundiales para entender “por dónde vienen las cosas”.
En ese contexto, Paraguay también busca hacerse escuchar. En esta edición, el presidente Santiago Peña participó en el panel sobre movilización de inversiones en energía para economías emergentes, donde destacó que el país se consolida como potencia en energías renovables y destino estratégico para la inversión internacional. Sin embargo, advirtió que el ingreso de nuevas industrias traerá consigo “presiones internas”, ya que el desarrollo económico implica un aumento en los precios de la energía, un desafío que afectará principalmente a los sectores sociales. Peña puso énfasis en la estabilidad macroeconómica, la disponibilidad de energía limpia y la necesidad de equilibrar crecimiento con sostenibilidad social y económica, en un momento clave de transición energética global.
Además, Paraguay marcó presencia institucional en Davos como miembro fundador de la Junta por la Paz, una iniciativa que busca devolver la búsqueda de consensos y la estabilidad global al centro de la agenda internacional. Con principios firmes y una narrativa basada en el diálogo, el país se presentó ante el mundo como un constructor de puentes en un momento de alta fragmentación geopolítica.
¿Dónde queda Paraguay frente a estas discusiones? Aunque geográficamente distante y con limitaciones de conectividad —“estamos lejos porque ni siquiera hay vuelo directo entre Paraguay y Estados Unidos”, dice Burt—, el país no es ajeno a los efectos de lo que se debate en Davos. “Lo que sucede en Davos obviamente nos afecta”, afirmó, recordando que gran parte de la riqueza paraguaya proviene del sector agroexportador.
En ese sentido, las decisiones sobre apertura de mercados, aranceles y acuerdos comerciales son esenciales. “Si los mercados se abren o los aranceles suben y los mercados se cierran, por supuesto que tiene muchísimo impacto sobre Paraguay”, sostuvo. La reciente judicialización en Europa del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur vuelve a poner en evidencia esa vulnerabilidad externa. Para Burt, la lógica es clara: “A Paraguay le conviene muchísimo que se le abra el mercado, porque nosotros tenemos un mercado diminuto”.
“Nosotros no podríamos tener una industria de la carne, una industria de la soja, del trigo, del arroz o de la madera solo con el mercado local”, explicó. Incluso los proyectos de reforestación y de mayor valor agregado forestal dependen de la demanda externa: “Si nosotros vamos a hacer reforestaciones en Paraguay y vamos a producir madera terciada, es para que otros países grandes y ricos compren nuestra madera terciada”.