“Nosotros vamos a ser un hub para estas inversiones, pero tampoco vamos a recibir economía extractiva sin que brinden beneficios. Tienen que pagar impuestos”, enfatizó Riquelme en parte de una conferencia de prensa que brindó ayer por la mañana. Según explicó, la comitiva fue a Estados Unidos porque es muy importante saber cuál es el potencial real que tiene Paraguay para elaborar políticas que incluyan ventajas competitivas.
El titular del MIC cuantificó el impacto que podría tener la disponibilidad energética en la atracción de inversiones. “Cada 100 megas de energía tiene la posibilidad de atraer inversiones de 4 mil millones de dólares. Menos del 2% de la energía de Paraguay tiene la posibilidad de generar casi el 10% del PIB original en importación de máquinas”, detalló.
No obstante, el ministro reconoció los desafíos estructurales que el país debe enfrentar para capitalizar esa oportunidad. “Hay que crear nuevas fuentes de desarrollo e incrementar la calidad de nuestra mano de obra”, sostuvo. Riquelme hizo hincapié en la necesidad de encontrar un equilibrio en las condiciones ofrecidas a los inversionistas.
El ministro también se refirió a los ejes que priorizan las empresas tecnológicas a la hora de elegir un destino. Añadió que estas empresas son muy sensibles a la protección de datos y a la propiedad intelectual.
En cuanto a los obstáculos internos, Riquelme fue directo al señalar la burocracia como uno de los principales cuellos de botella. Contó que recibieron propuestas de las empresas más grandes del mundo para modernizar estos aspectos.
El especialista en tecnología e inteligencia artificial, Luis Benítez, opinó que difícilmente Paraguay puede llegar a ser “referente en el mundo en procesamiento de datos” trabajando el marco normativo con personas que no están calificadas para ello. A su criterio, para hacer realidad el sueño de ser un hub de economía del conocimiento, no se deben poner los ojos solo en la disponibilidad de energía.
“Concentrarnos en ceder energía (venderla barata) para lograr esto es un despropósito. ¿Por qué no mejor invertir en recursos humanos? ¿En capacidad técnica? ¿O al final simplemente todo se piensa tercerizar y nos dedicamos a regalar energía?”, aseveró. Para Benítez, si se quiere una “revolución industrial”, las empresas deben generar desarrollo y no solo invertir con tarifas especiales, como ocurre ya con la minería de bitcoins.
Por último, advirtió sobre el “capital golondrina”, concepto que refiere a inversiones muy especulativas de alta rentabilidad inmediata, pero con rápida migración.