Las mujeres detrás de la chipa amasan historia: cuando continuar el negocio es un llamado del corazón

(Por BR) Detrás de cada negocio tradicional hay un legado familiar que trasciende generaciones. En Hijas de Feliciana Fariña y Chipería Kali, ese legado vive a través de mujeres que forjaron identidad gastronómica y mantuvieron encendido el corazón artesanal. Más que vender chipa, ambas marcas honran sus historias, celebran sus raíces y comparten una forma única de ver el mundo.

Cristina Fariña, una de las propietarias de Hijas de Feliciana Fariña, compartió el origen de este emprendimiento que ya conquistó el paladar de muchos paraguayos. “Todo nació con mi mamá, la señora Feliciana, en el año 1950. Una mujer trabajadora del interior del país, oriunda de Caacupé, que junto a su esposo, Amancio Fariña, enseñó a sus hijas no solo a hacer chipa, sino a valorar el trabajo hecho con las manos, con el corazón y con respeto por la tradición”, relató.

Como muchas historias que luego se convierten en empresas, Hijas de Feliciana Fariña comenzó de forma sencilla. Primero fue la chipa para la familia, luego para los vecinos y, finalmente, para más personas. Ese sabor, según Cristina, no nace solo de los ingredientes, sino del espíritu con que se amasa, se da forma y se hornea: “El legado de Feliciana es el amor al trabajo, la constancia y la perseverancia, que lo llevamos muy presente hasta hoy en día”, declaró.

La historia de Hijas de Feliciana Fariña también se entrelaza con la de Chipería Kali, fundada unos años después (1958) por Antonia y Ángela Olmedo, dos hermanas que comenzaron a elaborar chipa de forma tradicional. La producción se realizaba en el hogar de su madre y luego se vendía en el Mercado Guazú —actual Mercado N°4—, uno de los puntos comerciales más concurridos de Asunción en ese entonces.

Según recordó Edith Cuquejo, una de las actuales propietarias e hija de Antonia: “Empezaron a hacer en un domicilio que era de mi mamá, y poco a poco empezaron a crecer. El impulso definitivo llegó gracias a doña Feliciana de Fariña, que vio lo dedicada que era mi mamá y su hermana, y les prestó su horno para que pudieran cocinar en cantidad sus chipas”.

Si bien la tradición comenzó en los años cincuenta, fue en 1962 cuando se formalizó legalmente la empresa y adquirieron la propiedad donde aún hoy funciona el local principal, sobre Av. Dr. Rodríguez de Francia. Desde entonces, Chipería Kali se convirtió en un ícono de sabor y perseverancia. “La empresa siempre fue muy familiar. Desde chicas trabajamos con nuestros primos, los hijos de mi tía Ángela. Hoy ya se está integrando la cuarta generación, nuestros hijos”, contó Edith.

Igualmente, Cristina Fariña y sus hermanas, Andresa, Blasida y Pablina, vivieron el ritual de la chipa como algo sagrado. “Era más que comida, era una ceremonia”, explicó Cristina. Continuar con eso no fue una decisión racional ni comercial: fue un llamado del corazón. “Sentimos que era nuestra responsabilidad y nuestro orgullo mantener viva esa forma de hacer chipa”, dijo.

En Paraguay, la chipa es omnipresente. Está en los viajes de ruta, en los desayunos, en las reuniones familiares, en Semana Santa; como parte de lo cotidiano y lo emocional. En ese sentido, Cristina sostuvo que la chipa “representa hospitalidad, sabor y tradición”. Por eso, la marca busca reflejar esa identidad nacional en todos sus detalles, desde el nombre que homenajea a Feliciana. Actualmente, Hijas de Feliciana Fariña cuenta con cuatro sucursales propias y presencia en 15 puntos de venta y las proyecciones son ambiciosas: buscan expandirse a nuevas ciudades del país y eventualmente al extranjero. “Queremos que más paraguayos y extranjeros puedan disfrutar de una chipa hecha con amor y con historia”, afirmó Cristina.

Para Edith, de Chipería Kali, hablar de chipa es hablar de Paraguay. “La chipa es uno de los alimentos más importantes para el paraguayo, por su valor nutritivo y su accesibilidad. Dos chipas con leche pueden ser suficientes para un trabajador hasta la tarde”, indicó. Su función como sustento diario y su presencia en momentos puntuales como la Semana Santa refuerzan su peso cultural.

Durante la Semana Santa, la demanda se multiplica y representa un desafío importante en la producción. Este año, los precios del queso —ingrediente esencial en la receta— se dispararon. “El kilo pasó de G. 25 mil a 45 mil, y aun así cuesta encontrar buena calidad”, explicó Edith. Para mantener la textura y sabor tradicionales, elaboran una mezcla equilibrada de queso sardo, mozzarella, etc., logrando una masa crocante y sabrosa, fiel a la receta original. Entre las estrategias adoptadas en ambas chiperías se incluyen combos con cocido, opciones de desayuno, productos de confitería, promociones, etc.

En Hijas de Feliciana Fariña, según Cristina, “nuestro producto atemporal y estrella es el chipa so’o, más conocido como el tereré rupa de los paraguayos”, dijo. En un contexto donde las chipas industrializadas y de grandes panaderías ganan espacio por volumen y precio, Hijas de Feliciana Fariña apuesta por lo que no se puede imitar: la experiencia, el sabor del origen y la historia detrás del producto. “El gran desafío es mantenernos competitivos sin perder la esencia artesanal”, reconoció Cristina.

Por otro lado, Chipería Kali, a pesar de no contar con sucursales, sostiene su operación con una red de vendedores tercerizados, quienes compran el producto en el local principal y lo distribuyen por distintos puntos de la ciudad. “Nos enfocamos en la venta minorista y directa en el salón. Queremos expandirnos, y esta nueva generación ya piensa distinto, con otra visión para hacer negocios”, sostuvo Edith.

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