El presidente de la compañía, Narciso Frontanilla, confirmó que la firma ya concretó un primer envío de 28 toneladas al mercado boliviano y que existe un acuerdo para exportar 56 toneladas mensuales durante los próximos dos meses. “A partir de ahí, la idea es ir en aumento, ya que como industria nacional es la primera, y ahora tenemos abierto este mercado. También el uruguayo: todavía no hicimos la primera exportación, pero entendemos que en la primera quincena de abril estaría saliendo”, señaló.
Actualmente, Altaja cuenta con una capacidad de producción de 1.200 toneladas mensuales, operando al máximo de su capacidad. Sin embargo, con la incorporación de nuevas instalaciones, la empresa se prepara para alcanzar las 2.000 toneladas por mes. Este salto permitirá abastecer el mercado local, donde la firma mantiene una fuerte presencia, y también responder a la creciente demanda externa.
“En unos 30 días ya estaremos en condiciones de atender mayores volúmenes, y la meta es exportar por lo menos 200 toneladas al mes”, adelantó Frontanilla, marcando el inicio de una nueva etapa para la compañía.
El desembarco en Bolivia no es reciente en términos de gestiones. Según explicó el ejecutivo, las negociaciones con ese país llevan entre tres y cinco años, pero factores macroeconómicos retrasaron su concreción. “El principal obstáculo era el problema cambiario en Bolivia, que dificultaba las transferencias por la falta de dólares en el mercado. Con el cambio de autoridades, entendemos que esa situación se normalizó y permitió avanzar”, explicó.
En cuanto a los desafíos operativos, Frontanilla señaló que, al tratarse de un producto perecedero, la logística es un factor clave. No obstante, en este caso particular, la empresa exporta bajo la modalidad “puesto en fábrica”, por lo que el comprador se encarga del traslado. “Nuestro principal desafío estuvo en aumentar la capacidad de producción sin descuidar la calidad ni el abastecimiento del mercado local”, indicó.
La historia de Altaja refleja un proceso de crecimiento gradual dentro del sector. En sus inicios, la empresa se dedicaba a la importación de margarina desde Brasil, desarrollando su red de distribución en Paraguay. Con el tiempo, dio el salto hacia la industrialización, consolidándose como productor nacional y ganando participación en el mercado; un dato no menor es que la marca ya cumple 30 años dentro del rubro.
Hoy, la compañía estima contar con cerca del 50% del market share en su segmento, posicionándose a la par de sus principales competidores. Este crecimiento se sostiene, en parte, por una demanda estable en el mercado interno, especialmente en períodos de alto consumo como fin de año y Semana Santa.
De cara al futuro, el panorama es alentador. Frontanilla destacó que el desempeño del sector está estrechamente ligado al comportamiento de los commodities, en particular la soja y otros aceites utilizados en la producción de margarina. “Los vaivenes de precios son parte del negocio, pero también representan oportunidades. A mayor escala, podemos ser más competitivos”, afirmó.