Kricke explicó que la reducción de aranceles se aplicará de forma gradual, lo que permitirá a las empresas paraguayas adaptarse sin un impacto abrupto. En ese sentido, remarcó que el acuerdo busca fortalecer la producción local a través de su inserción en mercados más amplios.
“El acuerdo no busca desmantelar la industria nacional, sino integrarla en cadenas de valor globales”, afirmó el embajador, al destacar que el acceso a maquinaria europea a menor costo y a nuevos mercados generará condiciones para mejorar la competitividad.
Además, subrayó que la apertura comercial permitirá a Paraguay acceder a un mercado de gran escala, lo que compensará los desafíos iniciales y potenciará la innovación en distintos sectores productivos.
En relación con las diferencias entre ambas regiones, el diplomático señaló que el acuerdo contempla las asimetrías entre economías, lo que resulta clave para una implementación equilibrada.
“El acuerdo reconoce las asimetrías y el Mercosur tendrá plazos de implementación mucho más largos que la Unión Europea”, explicó, al considerar que estos tiempos diferenciados facilitarán una adaptación progresiva.
Kricke también destacó que este marco generará previsibilidad jurídica, un elemento central para atraer inversiones, promover el valor agregado y generar empleo calificado en Paraguay.
En cuanto a la cooperación bilateral, sostuvo que instituciones como la GIZ mantienen su presencia en el país, principalmente a través de asistencia técnica en áreas como formación profesional y sostenibilidad, aunque con menor volumen que en etapas anteriores.
“Lo más sustancial es la cooperación financiera, y la KfW facilita el financiamiento para infraestructuras clave y limpias”, señaló, al resaltar el rol actual de esta entidad en proyectos estratégicos.
En esa línea, mencionó iniciativas como la protección de tierras en el Chaco, la modernización de la red eléctrica en conjunto con la ANDE y proyectos de gestión sostenible de recursos naturales en el sector agropecuario.
El embajador también valoró los microproyectos impulsados por la embajada, orientados a comunidades locales, que, si bien tienen una escala reducida, generan impactos concretos en la calidad de vida.
“Son proyectos que tienen resultados tangibles e inmediatos y poca burocracia”, afirmó, al destacar su efectividad en áreas como educación, acceso a servicios básicos y generación de oportunidades.
Finalmente, Kricke subrayó que la relación bilateral atraviesa una etapa de transformación impulsada por el crecimiento económico de Paraguay.
“La cooperación no desaparece, se sofistica”, concluyó, al explicar que el vínculo evoluciona hacia alianzas más complejas, como cooperación tecnológica, proyectos ambientales y estrategias conjuntas en seguridad energética.