Conociendo a José La Carrubba: propietario de Gusto, una pizzería gourmet

(Por Nora Vega - @noriveg) El chef José La Carrubba es un joven paraguayo, descendiente de italianos. Estudió en Italia y ha trabajado en más de diez de los mejores restaurantes en Sicilia y en otras ciudades. Empezó como aprendiz a los 15 años y hasta llegó a ser chef de un hotel 5 estrellas. Su pasión por el arte culinario y la dedicación que le pone al trabajo, hicieron posible que hoy día cuente con su propia pizzería gourmet llamada Gusto.

¿Siempre te gustó la gastronomía?
Mi pasión por la cocina empezó a temprana edad, mi abuelo fue el primero que me hizo conocer la belleza y la humildad que hay en este trabajo; a los 15 años decidí empezar mis experiencias laborales y desde ahí no dejé de trabajar más. Estudié en la Escuela de Gastronomía Principi Grimaldi Modica, en la provincia de Ragusa, Sicilia. Soy Tecnico dei servizi ristorativi (Técnico en servicio de restaurantes), especializado en cocina Italiana, en especial en la gastronomía de Sicilia.

¿Cómo fue la experiencia que tuviste al vivir fuera del país?
Soy descendiente italiano, toda mi familia paterna se encuentra en Sicilia, digamos que para mí fue como ir a mi propia casa. Esta experiencia que duró 10 años, no solo me formó como chef, sino también como persona. Pude aprender la cultura italiana a fondo, llegando a amar dicho país. Mi familia proviene de la ciudad de Ragusa en Sicilia, yo viví primeramente en Catania y luego de casi un año me mudé a Módica, donde trabajé durante muchos años.

¿Quién considerás que fue tu mentor?
Considero tener muchos mentores, todos contribuyeron a mejorar mis potenciales; desde mis profesores de gastronomía en la escuela hasta todos los chef y jefes con los cuales trabajé, todos excelentes maestros, pero me gustaría nombrar a uno en especial, que hoy día sigue siendo un gran amigo y es considerado uno de los mejores pasteleros del sur Italia; se llama Antonio Colombo, es un joven chef que me enseñó no solo el trabajo y las técnicas, sino también cómo debería ser un chef. Todos los cocineros tendríamos que ser así: llegar a un alto nivel, pero con los pies pisando tierra, enseñando y compartiendo nuestros conocimientos a cuanta más gente sea posible. Esto es uno de mis principios más sólidos.

¿Cómo fue para que tengas tu propio local?
Después de un bastante y duro trabajo en Italia, entre el estudio y la aplicación a la práctica, decidí volver a mi país natal. Sabía que en Asunción la gastronomía actualmente está pasando por un importante crecimiento y quería ser parte de ello. Junté mis ahorros y regresé con la meta de abrir mi proprio local. Primero decidí realizar un poco de experiencia local para conocer los métodos de trabajo y alguna que otra materia prima presente en el Paraguay. Fue así como hoy día tengo una pizzería gourmet llamada Gusto.

¿Cuál es el gusto de pizza que todo el mundo pide más?
En mi negocio la pizza más vendida es la Prosciutto (con jamón crudo) y la pizza de rúcula, definitivamente son las preferidas. También hago postres y el más solicitado es el mousse de chocolate amargo.

¿Cuáles son las próximas novedades de tu local?
Arrancaremos con un nuevo menú lleno de novedades con pizzas aún más gourmet, con delicadas nuevas combinaciones. ¡Imposible no quedar sorprendido con estos nuevos sabores!

¿Cuál es tu mayor sueño como chef?
Mi gran sueño es cambiar la gastronomía en Paraguay, hacer cosas innovadoras y trabajar con métodos de estudios más avanzados de los que se ven hoy en día. Quiero enseñar todo lo que aprendí y compartir mi creatividad con jóvenes cocineros como yo.

La rosa roja (la flor de los enamorados, por excelencia), objeto de la globalización

(Bernard Calas, Université Bordeaux Montaigne) Una rosa roja puede simbolizar muchas cosas. En San Valentín, para muchos se convierte en un signo de amor, una muestra de ternura. Es la flor de los enamorados por excelencia. En Rusia también se regala a las madres el 8 de marzo como muestra de reconocimiento por su labor doméstica. Pero para el geógrafo, la rosa roja es también un marcador de la globalización. Es probable que la rosa que se regala o se recibe el 14 de febrero proceda de invernaderos situados en los trópicos, o incluso en el ecuador, más concretamente en Kenia, Etiopía o Ecuador.