Salud mental y tecnología: ¿cómo se complementan en terapia y qué tan avanzado está el país?

(Por SR) La salud mental vive una transformación silenciosa, pero profunda, impulsada por la tecnología. En Paraguay, este cambio avanza a paso lento, con aplicaciones puntuales y esfuerzos individuales, aunque el potencial es amplio. Desde la realidad virtual hasta la inteligencia artificial, nuevas herramientas están comenzando a integrarse en tratamientos, siguiendo una tendencia regional que ya muestra resultados alentadores en países como Argentina, Brasil o Colombia.

La doctora Aramí Rojas, psiquiatra con formación en psiquiatría integrativa y miembro de la Iniciativa Global en Neurociencias (NNCI), destacó para InfoNegocios que en nuestro país el uso de estas herramientas aún se encuentra en una etapa incipiente.

“La realidad virtual, por ejemplo, se ha utilizado en contados casos dentro del sistema público. En 2022 hubo apenas dos intervenciones en el Hospital Psiquiátrico con esta tecnología, pero aún no está integrada de forma sistémica ni se cuenta con protocolos estandarizados”, explicó. Su experiencia, tanto en el extranjero como en el ámbito privado, ha demostrado resultados positivos en casos de fobias específicas como el miedo a las alturas o a espacios cerrados, gracias al uso controlado de entornos virtuales.

En Paraguay, el desafío más urgente en salud mental sigue siendo el acceso. Aún se lucha por ampliar la cobertura de atención psicológica y psiquiátrica básica en el sistema público, especialmente en regiones del interior del país donde los recursos humanos y materiales son escasos. En este contexto, la incorporación de tecnología aplicada a los tratamientos queda relegada a un segundo plano, limitada en su mayoría a iniciativas individuales dentro del sector privado o académico. Esto marca una brecha importante con respecto a otros países de la región que ya cuentan con programas y marcos regulatorios más desarrollados.

La tecnología, por ejemplo, permite crear escenarios seguros donde el paciente puede exponerse gradualmente a sus temores, siguiendo protocolos de terapia cognitivo-conductual, una de las más respaldadas por evidencia científica. Sin embargo, el acceso a equipos avanzados, como lentes con biofeedback o software clínico, sigue siendo una limitante. “Se puede trabajar con versiones más simples, pero igual se requiere formación profesional y acompañamiento ético adecuado”, agregó Rojas.

Otra herramienta emergente es la estimulación magnética transcraneal, utilizada para tratar depresión resistente, ansiedad y otros trastornos. En Paraguay, existen pocos profesionales que la aplican, y solo en ciudades puntuales como Ciudad del Este y Asunción. Además, hay aplicaciones móviles desarrolladas por paraguayos en el exterior que monitorean cambios de humor a partir de variables como el tono de voz o la actividad física, pero su implementación clínica local todavía no se ha concretado.

En cuanto a inteligencia artificial, el potencial es enorme, pero aún no se ha incorporado sistemáticamente en la práctica psiquiátrica nacional. En países desarrollados ya se aplican algoritmos que detectan recaídas, analizan el habla para predecir estados depresivos o suicidas, y personalizan tratamientos. “En Paraguay no hay un marco regulatorio que respalde el uso ético y seguro de estas tecnologías, y eso es un desafío importante”, señaló Rojas.

Algunos centros privados han comenzado a usar herramientas como formularios inteligentes, seguimiento automatizado de pacientes y chatbots como apoyo complementario. También existen aplicaciones terapéuticas como PTSD Coach, Headspace, Insight Timer o Mindshift, utilizadas en combinación con intervenciones clínicas tradicionales para mejorar la adherencia y los resultados.

El doctor Hans Bugentting, director del Hospital Psiquiátrico, confirmó para nuestro medio que, si bien tecnologías como la estimulación magnética o ciertas aplicaciones móviles son conocidas en el país, su uso es aún marginal. “Yo enseño psicofarmacología y me manejo principalmente con medicamentos, que también han avanzado mucho gracias a la tecnología. Pero la implementación de nuevas corrientes cuesta”, reconoció.

Según Rojas, el rezago paraguayo en este ámbito no se debe a la falta de capacidad profesional, sino a barreras estructurales. La especialista señaló que la aplicación de estos nuevos métodos necesita recursos, formación específica, investigación aplicada y, sobre todo, una política pública que promueva la innovación con criterios éticos y científicos. Mientras tanto, los avances dependen del impulso individual de profesionales y centros privados.

La digitalización de la salud mental no es una moda, sino una necesidad. Si se logran superar los desafíos actuales, Paraguay tiene la oportunidad de democratizar el acceso a tratamientos más personalizados, eficaces y sostenibles, especialmente en un contexto donde la demanda de atención en salud mental crece a niveles sin precedentes.

 

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