Entre cosechas récord y desafíos de mercado: el agro paraguayo define su hoja de ruta para un 2026 más exigente

(Por SR) El sector productivo paraguayo se encamina a cerrar 2025 con un balance mayormente positivo en términos de volúmenes agrícolas y desempeño general, aunque con desafíos que condicionan la rentabilidad y las decisiones de inversión hacia el próximo año. Así lo evaluó Héctor Cristaldo, presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), en contacto con InfoNegocios al repasar los principales hitos del año y marcar los puntos críticos que deberán atenderse en 2026.

“Estamos cerrando con muchas expectativas de una buena cosecha”, afirmó Cristaldo, al señalar que el año fue razonablemente bueno para la producción en general. La cosecha de marzo dejó resultados favorables en gran parte del país, con excepción del norte, donde los rendimientos estuvieron afectados por condiciones adversas. Ese contraste regional volvió a evidenciar las asimetrías productivas que enfrenta el agro paraguayo.

Entre los rubros más destacados del año, el maíz sobresalió con fuerza. Según datos manejados por la UGP, la producción se ubicó entre seis y casi siete millones de toneladas, un volumen que no se observaba desde hace varias campañas. “Hace rato no se veía un desempeño así”, destacó el dirigente, remarcando el aporte del cultivo al movimiento económico del interior y a la cadena agroindustrial.

El trigo también mostró un buen rendimiento por hectárea, aunque con una menor superficie sembrada debido a precios internacionales deprimidos que limitaron la expansión del cultivo. Aun así, el balance productivo fue positivo. En el caso de la soja, los mejores resultados se concentraron en el sur, centro y este del país, mientras que el norte volvió a registrar bajos rendimientos, afectando el promedio general.

El arroz tuvo un buen nivel de producción, aunque acompañado por una fuerte caída de precios que presionó la rentabilidad del sector. El algodón, por su parte, no logró consolidar una recuperación: el año cerró con bajos rendimientos y deja abiertas las expectativas sobre su desempeño en la próxima campaña.

En ganadería, el escenario fue más ajustado. Cristaldo advirtió que, pese a un tipo de cambio relativamente estable, la caída del dólar impactó en los ingresos en guaraníes que reciben los productores, reduciendo márgenes y generando preocupación en el campo. “Por más que el dólar esté razonable, se reciben menos guaraníes por los animales”, explicó.

De cara a 2026, el presidente de la UGP fue enfático en marcar cuáles serán los factores determinantes para sostener el crecimiento. “Necesitamos tranquilidad para trabajar, reglas claras, normativas razonables y sostenidas en el tiempo, además de seguridad jurídica y personal”, señaló. En ese contexto, expresó preocupación por el inicio del ciclo político y el avance de discursos populistas que, según dijo, ya comienzan a traducirse en amenazas de invasiones y utilización política de tierras privadas.

En el plano externo, uno de los principales focos de atención sigue siendo la relación con la Unión Europea. Cristaldo cuestionó la previsibilidad del acuerdo Mercosur–UE y advirtió sobre las salvaguardas unilaterales aprobadas por el bloque europeo, que podrían limitar el acceso a mercados. “Genera más dudas que certezas”, afirmó.

A esto se suma la aplicación del reglamento europeo sobre deforestación (EUDR), que impone exigencias de trazabilidad estrictas. Si bien Paraguay cumple sin inconvenientes con los criterios ambientales —el 99% del área de soja proviene de tierras habilitadas antes de 2020—, el principal obstáculo está en la exigencia de segregación física total del producto. “Documentalmente es posible, pero físicamente es inviable. Nadie va a firmar un contrato que no puede cumplir”, advirtió.

Pese a los desafíos, las perspectivas de crecimiento siguen vigentes. El sector forestal continúa expandiéndose y ya alcanza unas 380.000 hectáreas, un nivel impensado una década atrás. A esto se suman el potencial de la agroindustria, la consolidación de la producción porcina, el crecimiento de la exportación de aves y el desarrollo de la producción láctea.

Los objetivos de largo plazo apuntan a alcanzar 15 millones de toneladas de soja en los próximos 12 años y llegar a 10 millones de toneladas de maíz, además de avanzar en la recuperación ganadera. “El productor paraguayo se capacita, incorpora tecnología y mejora su eficiencia. Si hay estabilidad y previsibilidad, el potencial de crecimiento es enorme”, concluyó Cristaldo, con la expectativa puesta en una buena cosecha que vuelva a apuntalar la economía en los primeros meses de 2026.

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