Economía en América Latina: ¿cuál es la posición de las mujeres?

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) publicó su reporte “La autonomía de las mujeres en escenarios económicos cambiantes”, el cual aborda la situación y posición del sexo femenino en la realidad económica actual de los países Latinoamericanos. Según la investigación, la región está creciendo menos, a la vez que se incrementan las desigualdades y la pobreza aumenta.

El reporte de la Cepal explica que existe una asimetría internacional entre agentes económicos, en el comercio internacional y en la capacidad de innovación y generación de nuevas tecnologías, así como entre los principales países emisores de gases de efecto invernadero y aquellos que son más vulnerables a los efectos del cambio climático. La investigación asegura que la región está creciendo menos, al mismo tiempo que se incrementan las desigualdades y la pobreza aumenta, lo que plantea una situación compleja en lo que respecta al gasto social y, sobre todo, a las políticas que repercuten en la vida de las mujeres.

El informe sostiene que los países progresaron de manera significativa en lo que respecta a la construcción y jerarquización de estructuras institucionales para el diseño y la coordinación de políticas de igualdad de género, lo que conllevó la consolidación de un marco normativo sólido para hacer frente a la violencia por razón de género contra las mujeres y para conseguir una participación más igualitaria en los procesos de toma de decisiones, así como la construcción de sistemas de información para visibilizar la situación de las mujeres y las múltiples discriminaciones a las que se encuentran sujetas. Sin embargo, el desempeño económico y distributivo de América Latina y el Caribe hasta la fecha no es suficiente para superar las desigualdades de género.

En la publicación se analizan los procesos de globalización económica y financiera, la revolución digital, la economía del cuidado, el cambio climático, y sus principales efectos en la vida de las mujeres en un contexto económico cambiante. Sugiere que mediante la implementación de políticas públicas adecuadas estas tendencias pueden representar una gran oportunidad para un nuevo estilo de desarrollo que ponga la igualdad de género en el centro, no obstante, la desigualdad en la región está muy condicionada por la estructura productiva y, si esta no se modifica, dichos cambios podrían dificultar el cierre de brechas e incluso favorecer el surgimiento de nuevas amenazas para la igualdad de género.

Según lo mencionado, los beneficios de la globalización económica y financiera no están siendo distribuidos de forma equitativa, y los efectos diferenciados de las políticas comerciales, financieras y fiscales podrían acrecentar las brechas. Alega que las tecnologías disruptivas de la era digital están transformando la sociedad, al revolucionar las comunicaciones, la generación de información y el acceso a esta, así también el sistema económico, dado que modifican las formas de producción, gestión y gobernanza. Todos estos cambios podrían beneficiar a la igualdad de género, sin embargo las asimetrías internacionales, la segmentación y segregación laboral de género al igual que el déficit de capacidades para satisfacer las demandas de la era digital son problemas que todavía deben resolverse en la región para poder aprovechar plenamente el potencial de la revolución tecnológica.

El documento propone un compromiso global con un enfoque de responsabilidades comunes pero diferenciadas, a fin de impulsar un nuevo y renovado multilateralismo que fortalezca la acción colectiva para la provisión de bienes públicos regionales y mundiales. Del mismo modo, es necesario aumentar la resiliencia frente a perturbaciones financieras, comerciales, tecnológicas y climáticas, equilibrar los múltiples intereses internacionales y evitar la concentración de capitales, capacidades y tecnologías, y asegurar la protección social universal y los derechos humanos de todas las personas.

En el documento se plantea la necesidad de generar inversiones en sectores que apunten a un cambio estructural y de fomentar el crecimiento económico y el aumento de las innovaciones, teniendo en cuenta las características de los países de la región y el potencial de las mujeres para lograr transformaciones en nuestras sociedades.

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