China apuesta a replicar su fórmula industrial de los autos eléctricos en la robótica humanoide

China ya demostró que puede dominar una industria combinando escala, cadena de suministro integrada y músculo fabril. Lo hizo con los autos eléctricos en menos de una década. Ahora intenta aplicar la misma fórmula a un terreno más incierto: la robótica humanoide. La pregunta es si esa ventaja industrial será suficiente cuando el desafío deje de ser productivo y pase a ser cognitivo y físico.

Firmas de análisis como Kaiyuan Securities identifican al menos una quincena de fabricantes chinos de vehículos eléctricos que ya lanzaron programas formales de desarrollo de robots humanoides. No se trata de una apuesta marginal. Detrás del movimiento hay una lógica industrial: buena parte de la cadena de suministro de un vehículo eléctrico —sensores, motores eléctricos, baterías, chips y sistemas de percepción— se superpone con la que necesita un robot bípedo.

Según estimaciones de Citic Securities, ese solapamiento tecnológico permite reducir tiempos y costos de entrada. Mientras otros países aún están montando líneas piloto o desarrollando proveedores específicos, China puede reutilizar plantas existentes, contratos ya amortizados y equipos de ingeniería con experiencia en integración de hardware complejo.

El movimiento no se limita a lo industrial. Algunas compañías están extendiendo también su software. XPeng reconoció que parte de la inteligencia artificial que utiliza en sus sistemas avanzados de conducción se reutiliza en prototipos de robots humanoides. En ambos casos, el problema central es similar: percepción del entorno, toma de decisiones en tiempo real y planificación de movimientos.

Otras automotrices exploran alianzas cruzadas. Seres replica su modelo de colaboración industrial con Huawei en el sector automotor, pero suma a ByteDance como socio en inteligencia artificial. NIO optó por financiar startups especializadas en robótica en lugar de producir directamente, mientras que Li Auto reorganizó su estructura interna para dar mayor peso estratégico a esta nueva vertical.

Sin embargo, el “atajo industrial” encuentra su límite cuando el entorno deja de ser predecible. Un vehículo autónomo opera en rutas regladas, con carriles y normas de tránsito. Un robot humanoide debe enfrentarse a escaleras, objetos pequeños, superficies irregulares y personas que se mueven sin patrón definido. La destreza manual, el equilibrio dinámico y la interacción segura con humanos siguen siendo desafíos abiertos.

Ahí es donde emergen las empresas “nativas” de robótica. Unitree Robotics ya distribuyó miles de robots en distintos mercados, mientras Agibot comienza a mostrar ingresos que indican una etapa más comercial que experimental. Estas firmas no tienen la escala fabril de un gigante automotor, pero concentran su desarrollo en articulaciones, control fino y movilidad avanzada.

El escenario que se perfila no necesariamente es de competencia directa, sino de posible complementariedad: fabricantes de autos aportando escala industrial y reducción de costos, y especialistas en robótica contribuyendo con la “destreza” que todavía no se logra industrializar.

El solapamiento tecnológico entre autos eléctricos y robots humanoides es real y le da a China una ventaja inicial difícil de igualar. Lo que resta por definir es si ese último tramo —la parte más “humana” del movimiento— puede resolverse con la misma lógica que permitió conquistar el mercado global de vehículos eléctricos.

Si lo logra, el salto podría ser tan acelerado como el que ya se vio en la electromovilidad. Si no, la robótica humanoide podría convertirse en el primer sector donde la escala industrial china no sea garantía suficiente de liderazgo.

 

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