Por eso, además de revisar de dónde proviene una aplicación, es fundamental prestar atención a quién la desarrolla, qué permisos solicita y cómo se comporta una vez instalada.
Miguel Ángel Gaspar, director de Paraguay Ciberseguro y de Ciberpadres, explicó que el escenario actual exige tomar mayores precauciones. Google y Apple rechazan o bloquean diariamente miles de aplicaciones antes de que lleguen a sus tiendas oficiales.
“Bloquean o rechazan un promedio entre las dos de 10.000 aplicaciones maliciosas o infractoras al día antes de que lleguen a sus tiendas oficiales”, explicó.
Sin embargo, el problema no termina allí. Algunas aplicaciones logran superar los controles y posteriormente son retiradas de las plataformas. En el caso de Google Play Store, el especialista mencionó que mensualmente se dan de baja entre 300 y 400 aplicaciones que habían conseguido pasar los filtros de seguridad y que ya estaban disponibles para los usuarios.
Estas aplicaciones pueden generar publicidad invasiva, instalar otros programas o dirigir al usuario hacia enlaces y servicios potencialmente peligrosos. Este tipo de comportamiento puede considerarse malware y terminar afectando el rendimiento del teléfono o incluso comprometiendo información relacionada con los medios de pago.
¿Qué puede pasar al instalar una app maliciosa?
Las consecuencias pueden ir mucho más allá de tener un teléfono más lento. Si el dispositivo no cuenta con medidas de seguridad correctamente configuradas, el usuario puede quedar expuesto a estafas, ciberengaños, robo de cuentas, vaciamiento de cuentas bancarias y suplantación de identidad.
Uno de los principales riesgos aparece cuando una aplicación maliciosa consigue instalar programas de acceso remoto. En estos casos, un tercero podría llegar a controlar determinadas funciones del dispositivo y acceder a información sensible.
“Alguien que tenga acceso remoto a tu teléfono, a lo que te puede pasar, porque está viendo exactamente lo mismo que vos ves y puede tener también acceso al control de los sensores de tu dispositivo, las cámaras, los micrófonos”, alertó.
Esto también puede comprometer datos como la geolocalización, fotografías y videos almacenados en el equipo. A esto se suman otros mecanismos utilizados por los ciberdelincuentes, como phishing, fraude y robo de credenciales.
El problema adquiere una dimensión mayor porque actualmente la inteligencia artificial también puede facilitar la creación de herramientas maliciosas. “Los ciberdelincuentes no tienen que saber mucho hoy de ciberseguridad para que con un asistente de IA puedan generar una aplicación maliciosa”, sostuvo Gaspar.
La seguridad también depende del usuario
Frente a este escenario, el especialista recomendó no limitarse a descargar aplicaciones desde tiendas oficiales. También consideró importante contar con herramientas de protección, como un antivirus y un firewall, además de observar el comportamiento del dispositivo después de instalar una aplicación.
“Lean siempre los comentarios, hagan correr sus antivirus, vean si el teléfono no presenta después algún tipo de comportamiento anómalo o inusual”, recomendó.
Otro punto clave es evitar enlaces provenientes de desconocidos o mensajes sospechosos, incluso cuando aparezcan después de instalar una aplicación. Gaspar destacó especialmente el principio de “confianza cero”: no asumir que un enlace, pedido o información es seguro simplemente porque aparece dentro de una aplicación conocida.
El riesgo también alcanza a niños y adultos mayores, quienes pueden ser más vulnerables frente a publicidad invasiva y descargas no deseadas. Como ejemplo, Gaspar relató un experimento realizado en laboratorio con un teléfono limpio, en el que al utilizar juegos como Roblox o Minecraft aparecieron múltiples publicidades que terminaron generando la instalación de numerosos juegos en pocos minutos.
La recomendación, entonces, es sencilla pero fundamental: antes de descargar, revisar; después de instalar, observar; y ante cualquier enlace o pedido extraño, desconfiar. En un escenario donde las amenazas digitales son cada vez más sofisticadas, la seguridad del dispositivo también comienza con los hábitos del usuario.
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