El cáncer de mama es una de las enfermedades que más afectan a las mujeres en todo el mundo. Sin embargo, todavía existen dudas sobre cuándo realizar los controles, qué síntomas deben generar preocupación y si la ausencia de antecedentes familiares significa que no existe riesgo.
Para abordar estos puntos, desde InfoNegocios contactamos con Cinthia Gauna, especialista en oncología médica y jefa del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Nacional del Cáncer (Incan), quien explicó que “la prevención no debe limitarse a una campaña anual, sino formar parte del cuidado habitual de la salud”.
¿Cuáles son las señales de alerta?
La aparición de un bulto en la mama es uno de los signos más conocidos, pero no es el único. “También pueden presentarse cambios en el tamaño o la forma del seno, alteraciones en la piel, hundimiento del pezón o secreciones inusuales”, mencionó la médica.
Es importante tener en cuenta que no todos los nódulos son cancerosos. Sin embargo, cualquier cambio nuevo o persistente debe ser evaluado por un profesional, incluso cuando no provoca dolor.
“Esperar a que aparezcan molestias puede retrasar la consulta. Por eso, conocer el aspecto habitual de las mamas y prestar atención a las modificaciones ayuda a identificar señales que necesitan una evaluación médica”.
¿A qué edad deben comenzar los controles?
La edad para iniciar los estudios depende de las recomendaciones sanitarias vigentes, los antecedentes familiares y los factores de riesgo de cada paciente.
En Paraguay, el Ministerio de Salud recomienda la mamografía anual para mujeres a partir de los 40 años. “Quienes tienen familiares directos con antecedentes de cáncer de mama o presentan otros factores de riesgo deben consultar para establecer un esquema individualizado. Aunque es bajo el porcentaje de cáncer hereditario, la enfermedad también puede aparecer en mujeres sin antecedentes conocidos”.
La mamografía permite detectar alteraciones que pueden pasar inadvertidas durante la palpación. “No obstante, el resultado debe ser interpretado por profesionales y, si se identifica una imagen sospechosa, pueden solicitarse estudios adicionales”, recalcó Gauna.
Conocer las propias mamas puede ayudar a reconocer cambios, pero la autoexploración no sustituye los estudios de detección ni la consulta médica.
“Una mujer puede no presentar síntomas y, aun así, tener una alteración que solo se identifique mediante una mamografía. Por eso, los controles deben realizarse de acuerdo con la edad y el riesgo individual, sin esperar a detectar un bulto”, advirtió la especialista.
¿Qué factores pueden aumentar el riesgo?
La edad, los antecedentes familiares, determinadas alteraciones genéticas, el consumo de alcohol, el sedentarismo y algunos factores hormonales pueden influir en el riesgo de desarrollar cáncer de mama.
Adoptar hábitos saludables contribuye al cuidado general, pero no elimina por completo la posibilidad de desarrollar la enfermedad. La información y el seguimiento médico siguen siendo necesarios.
La importancia de consultar a tiempo
Ante un bulto nuevo, cambios en la piel, alteraciones del pezón o secreciones anormales, lo recomendable es acudir a un servicio de salud sin esperar al siguiente control programado.
“El diagnóstico de cáncer de mama puede generar temor, pero identificar la enfermedad en etapas tempranas puede ampliar las opciones de tratamiento. Mantener los estudios al día y consultar ante cualquier cambio son medidas que permiten actuar oportunamente”.
La detección temprana no depende únicamente de reconocer los síntomas, sino también de contar con información confiable y acceso a los controles médicos.
Entre 2020 y 2025, se registró una disminución de la mortalidad por cáncer de mama: 401 muertes en 2025, frente a 491 en 2020, 90% de probabilidad de curación si se detecta en etapas tempranas, 1 de cada 10 casos ocurre en mujeres jóvenes.
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