Cuando una tormenta golpea una ciudad, la resistencia de los edificios y la capacidad de evacuar el agua se convierten en dos factores determinantes. En Paraguay, el viento es uno de los principales elementos que condicionan los cálculos estructurales, mientras que el déficit de infraestructura pluvial expone las dificultades para responder a las precipitaciones intensas.
Diego Bentel, miembro del consejo directivo de la Cámara Paraguaya de la Industria de la Construcción (Capaco), explicó a InfoNegocios que el diseño de las estructuras contempla parámetros específicos para resistir las cargas del viento. Sin embargo, la respuesta de las ciudades ante las lluvias depende también de sistemas de drenaje capaces de conducir grandes volúmenes de agua en períodos cortos.
En nuestro país, los ingenieros estructurales utilizan parámetros establecidos en la normativa de viento para dimensionar las construcciones. Según Bentel, estos criterios contemplan la velocidad del viento y las características de cada proyecto, ya sea una vivienda, un edificio o una nave industrial.
La ubicación también importa. El entrevistado explicó que existen diferencias entre las regiones del país en cuanto a las velocidades del viento consideradas y que las condiciones del entorno inciden en los cálculos. Construir en un terreno abierto, por ejemplo, implica una exposición distinta a la de una zona rodeada de edificaciones.
“Esos son parámetros que toman los ingenieros estructurales, los que hacen los cálculos”, señaló Bentel al explicar cómo se definen las exigencias que debe soportar cada estructura.
El objetivo de estos cálculos es dimensionar los componentes de la construcción para responder a las cargas previstas. De esta manera, la seguridad frente a las tormentas comienza en la etapa de diseño, con criterios técnicos que deben trasladarse correctamente a la ejecución de la obra.
¿Qué pasa con los sismos?
En materia sísmica, Bentel señaló que Paraguay no se encuentra entre las zonas de mayor actividad de la región. Por eso, a diferencia de países como Chile y Perú, donde el riesgo de terremotos tiene una incidencia importante en el diseño estructural, los criterios sísmicos no suelen ser el principal condicionante de las construcciones locales.
El directivo consideró que, para el contexto paraguayo, los vientos y las tormentas representan una preocupación más relevante desde el punto de vista estructural. No obstante, la baja actividad sísmica no significa que el riesgo sea inexistente.
Sobre este punto, Bentel manifestó dudas respecto de la existencia de criterios sísmicos específicos aplicados a las construcciones paraguayas. La situación normativa requiere una verificación adicional antes de establecer conclusiones generales sobre las exigencias vigentes en el país.
Lluvias intensas: el desafío está en el drenaje
Si el viento pone a prueba las estructuras, las precipitaciones intensas exponen las limitaciones de la infraestructura urbana. Bentel diferenció las crecidas de los ríos de los raudales que se forman cuando cae mucha agua en poco tiempo.
“No es lo mismo que caigan 10 milímetros en 24 horas que 10 milímetros en una hora”, explicó. La intensidad de las precipitaciones es un factor determinante para calcular la capacidad de los sistemas de drenaje pluvial.
Según el ingeniero, estos sistemas se dimensionan a partir de estadísticas históricas de lluvia y períodos de recurrencia. Como ejemplo, mencionó que en algunas ciudades se utilizan criterios de diseño asociados a eventos con períodos de retorno de 50 o 100 años, aunque no precisó cuál correspondía al caso que tenía en mente.
El problema, advirtió, es que existe un déficit importante de infraestructura pluvial en las ciudades. A esto se suman los cambios en el uso del suelo y las variaciones en los patrones de precipitación, que dificultan las previsiones basadas en registros históricos.
La transformación de superficies naturales y boscosas también modifica el comportamiento del agua, mientras que las lluvias intensas pueden saturar los suelos y aumentar el escurrimiento hacia calles y cauces.
Para Bentel, los principales desafíos pasan por considerar adecuadamente las cargas del viento en el diseño estructural y contar con sistemas pluviales capaces de responder a las precipitaciones.
Son problemas distintos, pero vinculados por una misma necesidad: anticipar las condiciones que deberán soportar las construcciones y la infraestructura que las rodea. En un escenario de lluvias menos predecibles, el cálculo técnico y la capacidad de drenaje adquieren mayor relevancia para reducir los daños asociados a los fenómenos climáticos.
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