De la pizza entre amigos a las salsas artesanales: así construyó Muzzapi un negocio gastronómico con identidad propia

(Por NL) Lo que comenzó como una alternativa en plena pandemia terminó convirtiéndose en un emprendimiento gastronómico con productos propios y una receta única. Muzzapi, la marca creada por Juan Daniel Navarro, nació antes del Covid-19 como un servicio de viandas, se reconvirtió durante el encierro hacia la elaboración de pizzas congeladas y hoy tiene a las salsas artesanales como su principal carta de presentación.

Juan Daniel, de 35 años, se dedica además a la música y a la producción de eventos, un entorno donde la comida siempre fue parte del encuentro social. “Las pizzas eran algo que hacíamos para reuniones, fiestas y eventos entre amigos”, recordó. Cuando la pandemia frenó los servicios gastronómicos tradicionales y los eventos presenciales, la opción más viable fue apostar por productos congelados, fáciles de producir y comercializar. Así comenzaron las pizzas Muzzapi, que marcaron el primer paso del proyecto.

Con el correr del tiempo, y ya con la vuelta de las reuniones sociales, otro producto empezó a ganar terreno. En cada asado o juntada, Juan Daniel preparaba sus propias salsas: una criolla, alguna versión picante, siempre de manera casera. Los pedidos se repitieron y la demanda creció. “Me pedían para un asado, para un encuentro familiar, para compartir con amigos”, contó. De esa experiencia surgió la decisión de incorporar las salsas como línea estable del emprendimiento.

Hoy, Muzzapi concentra gran parte de su negocio en cuatro variedades de salsas: la Hot Vegetal, elaborada con verduras y picor marcado; la salsa criolla, conocida popularmente como chimichurri; la Chesse Hot, que incorpora trozos de queso Paraguay y vegetales picantes; y una versión extra picante, pensada para quienes buscan sabores más intensos. A estas se suma la salsa fileto, utilizada originalmente para las pizzas y que también se vende de forma independiente.

El nombre Muzzapi también tiene una historia particular ya que, surge de un juego de palabras entre amigos, dando vuelta la expresión “pizza sapi”, una forma coloquial que terminó definiendo la identidad de la marca. De ahí nacieron tanto el nombre como el concepto visual del emprendimiento, que mantiene un tono cercano y descontracturado.

En cuanto a la comercialización, Muzzapi trabaja principalmente bajo pedido y con delivery. Para eventos o pedidos especiales, se solicita coordinación con al menos 24 horas de anticipación. Las pizzas clásicas —muzza y pepperoni— están disponibles de manera regular, mientras que los sabores especiales se producen a demanda.

Los precios arrancan desde G. 40.000, para salsas por unidad. El emprendimiento ofrece combos por cantidad, lo que permite acceder a precios más convenientes al comprar dos, tres o cuatro frascos, una modalidad que impulsó el consumo para reuniones y regalos.

Actualmente, Muzzapi cuenta con una base de clientes habituales y continúa sumando nuevos consumidores, principalmente a través del boca a boca. Tras operar durante mucho tiempo casi exclusivamente vía WhatsApp, el emprendimiento comenzó a reforzar su presencia en redes sociales bajo el usuario @muzzapi, apostando a una mayor visibilidad y crecimiento.

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