Del campo a la góndola: el tomate duplica su precio, ¿en qué tramo de la cadena se encarece?

(Por SR) El precio del tomate volvió a ubicarse en el centro de la discusión pública tras alcanzar valores de entre G. 18.000 y G. 20.000 por kilo en algunos supermercados, generando malestar entre consumidores y cuestionamientos sobre la disponibilidad del producto. Desde el sector supermercadista se argumenta que el encarecimiento responde a una menor producción nacional. Sin embargo, desde el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) aseguran que la explicación no está en la finca, sino en los eslabones intermedios de la cadena de comercialización.

Edgar Frutos, técnico especialista en tomate de la Dirección de Extensión Agraria, explicó para InfoNegocios que actualmente no existen excedentes significativos de producción, pero tampoco un déficit que justifique los precios finales que paga el consumidor. “Hoy el tomate se comercializa a nivel mayorista entre G. 180.000 y G. 200.000 por carga, lo que equivale a unos G. 10.000 por kilo. En finca, el productor está recibiendo entre G. 8.000, y el tomate de primera calidad llega a G. 10.000. El problema aparece cuando ese valor se duplica en la góndola”, señaló.

Según el técnico, el esquema habitual de comercialización comienza con el productor, que vende su cosecha a un intermediario encargado de reunir volúmenes y abastecer a los supermercados. En promedio, ese intermediario compra hoy el kilo a G. 8.000 y lo entrega a G. 10.000. “Esa diferencia de G. 2.000 es razonable dentro de la cadena. El inconveniente surge cuando se agregan más intermediarios o cuando el margen aplicado por el supermercadista supera lo lógico”, explicó.

En contextos donde la producción alcanza justo para cubrir la demanda y no hay excedentes, el circuito se vuelve más complejo. Frutos detalló que muchas veces intervienen dos intermediarios: el primera compra a G. 8.000 y vende a G. 10.000; el segundo vuelve a comercializar a G. 12.000. Desde allí, el tomate llega a la góndola con valores que superan ampliamente los G. 18.000 por kilo. “En ese trayecto es donde se termina inflando el precio, sin que el productor reciba un beneficio adicional”, afirmó.

Otro canal relevante es el del mercado de abasto, donde el productor asume mayores costos operativos. En este caso, debe afrontar la compra de cajas, comisiones que oscilan entre 10% y 12%, además del flete. Desde zonas productoras como Caaguazú hasta el abasto, el costo adicional ronda los G. 2.000 por kilo. “Si el productor vende a G. 10.000 en el abasto, en realidad su costo total ya está cerca de G. 8.000”, explicó Frutos, remarcando que el margen real del productor es limitado.

Al observar la evolución de los precios en los últimos años, el especialista recordó que entre 2021 y 2023 muchos productores trabajaron a pérdida. En ese período, la importación de tomate se habilitaba desde noviembre, lo que presionaba los precios a la baja y llevaba el valor en finca a niveles por debajo del costo de producción. “El productor vendía a G. 8.000 o menos, cuando producir un kilo le costaba más”, indicó.

La situación comenzó a cambiar en 2024 con la implementación del Plan de Producción de Tomate en verano, impulsado por el MAG. Este esquema restringe la importación mientras exista producción nacional suficiente, permitiendo que los precios se mantengan por encima del costo. Actualmente, producir un kilo de tomate cuesta entre G. 4.500 y G. 5.000, y para que la actividad sea rentable el productor debe vender al menos a G. 7.000. “Hoy, con precios promedio de G. 8.000, el productor tiene una ganancia razonable, de alrededor de G. 2.000 por kilo”, explicó.

Frutos también descartó que exista una falta de tomate en el país. “Hay producción suficiente para cubrir la demanda, pero está dispersa en distintos departamentos como San Pedro, Caaguazú, Guairá y otras zonas. No se puede cargar 30.000 kilos en un solo punto, hay que recorrer varias fincas. Ese trabajo de logística es lo que muchas veces encarece el proceso”, sostuvo.

Finalmente, advirtió que liberar importaciones cuando aún hay producción nacional tendría consecuencias a mediano plazo. “Si el productor que hace tomate en verano, con temperaturas extremas, no tiene protección, va a dejar de sembrar. Y ahí sí, el próximo año, vamos a tener un problema real de abastecimiento”, concluyó.

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