El colesterol alto y los triglicéridos elevados pueden aparecer mucho antes de la edad adulta avanzada y pasar inadvertidos durante años. Desde InfoNegocios nos pusimos en contacto con el médico clínico Robert Núñez, quien explicó: “Aunque muchas veces se relacionan con una alimentación poco saludable, también pueden responder a factores genéticos y enfermedades metabólicas”.
El colesterol alto en los jóvenes es una amenaza silenciosa que puede comenzar desde edades tempranas. Además, existen otros hábitos que influyen en la salud cardiovascular.
El profesional recordó que la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles, realizada en 2022, reveló que el 29% de la población estudiada en Paraguay tenía colesterol elevado y el 27,6% presentaba triglicéridos altos. En el grupo de 18 a 30 años, la proporción de personas con colesterol elevado era del 16,1%, mientras que entre las personas de 30 a 44 años alcanzaba el 27,2%.
Entre los factores que contribuyen a estas alteraciones se encuentran el consumo frecuente de frituras, embutidos, productos ultraprocesados y alimentos ricos en grasas saturadas. El exceso de azúcar, las bebidas azucaradas y el alcohol también pueden elevar los triglicéridos. A esto se suman el sedentarismo, el sobrepeso y algunas enfermedades, como la diabetes y el hipotiroidismo.
Sin embargo, tener colesterol elevado no significa necesariamente llevar una vida poco saludable. “Algunas personas presentan alteraciones hereditarias, como la hipercolesterolemia familiar, que puede provocar valores elevados desde edades tempranas, incluso en personas delgadas y físicamente activas”, explicó Núñez.
Uno de los principales problemas es que el colesterol y los triglicéridos elevados generalmente no producen síntomas evidentes. Una persona puede sentirse bien y mantener una rutina activa mientras sus análisis muestran valores fuera de los rangos recomendados.
“El colesterol LDL, conocido como colesterol malo, puede acumularse en las paredes de las arterias y favorecer la formación de placas que dificultan la circulación”, explicó el médico. Si esta situación se mantiene durante años, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, incluidos los infartos y los accidentes cerebrovasculares.
Los triglicéridos también requieren atención, especialmente cuando alcanzan niveles muy elevados, debido al riesgo de pancreatitis. Cuando se combinan con glucosa alta, hipertensión, obesidad abdominal o colesterol bajo, pueden indicar un mayor riesgo metabólico.
La prevención comienza con una alimentación equilibrada, actividad física regular y controles médicos adecuados a la edad, los antecedentes familiares y los factores de riesgo de cada persona.
Priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, reducir las grasas saturadas y trans, moderar los azúcares añadidos y evitar el consumo nocivo de alcohol son algunas de las medidas que pueden contribuir a mejorar el perfil lipídico.
No obstante, los cambios de hábitos no siempre bastan. En casos de valores muy elevados, predisposición genética u otros factores de riesgo, puede ser necesario un tratamiento farmacológico indicado por un profesional de la salud.
La detección temprana permite actuar antes de que la exposición prolongada al colesterol elevado afecte las arterias. Por eso, conocer los antecedentes familiares, realizar los controles correspondientes y consultar ante resultados alterados son pasos importantes para proteger la salud cardiovascular desde la juventud.
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