Porky Ayala explicó que “la gente siempre se siente más motivada cuando hace calor. En Paraguay, el frío cuesta mucho porque incluso nuestra infraestructura y nuestra cultura no están preparadas para convivir con las bajas temperaturas. Eso hace que disminuya la asistencia tanto a los gimnasios como a las consultas nutricionales”.
No obstante, el profesional dijo que, a pesar de esa disminución estacional, el número de personas que practican actividad física viene creciendo de forma sostenida durante la última década. “Hace diez años los gimnasios tenían mucho menos movimiento. Hoy el crecimiento fue exponencial, aunque el invierno sigue siendo la época en la que cuesta más mantener la constancia”.
Uno de los principales beneficios de entrenar durante el invierno está relacionado con el gasto energético. “El cuerpo entra en un proceso de termorregulación para conservar su temperatura y eso implica un mayor gasto calórico. Simplemente por el hecho de combatir el frío, el organismo consume más energía”, comentó Ayala.
“Cuando hace mucho calor sudamos más, perdemos líquidos y electrolitos con mayor rapidez. En invierno eso ocurre en menor medida, por lo que el entrenamiento resulta más cómodo y muchas personas pueden sostener mejor la intensidad de los ejercicios”, agregó.
Además, al existir menor sensación de fatiga provocada por las altas temperaturas, los entrenamientos de fuerza y resistencia suelen desarrollarse con mayor comodidad. “Es una época en la que uno puede entrenar mejor, sentirse menos agobiado y mantener el rendimiento durante más tiempo”, dijo.
Si bien el invierno ofrece ventajas, también requiere algunos cuidados específicos antes de comenzar la actividad física. “Cuando hace frío no podemos llegar al gimnasio, bajarnos del auto y empezar directamente la rutina. Es importante dedicar algunos minutos adicionales a preparar el cuerpo antes del esfuerzo”, mencionó.
El especialista recomendó realizar ejercicios de movilidad articular y una caminata progresiva o movimientos aeróbicos suaves para elevar la temperatura corporal antes de comenzar el entrenamiento principal. “No hace falta modificar la intensidad de la rutina. Lo que sí conviene es prolongar un poco el calentamiento para reducir el riesgo de lesiones y sacar el máximo provecho del entrenamiento”.
Otro error frecuente durante el invierno es disminuir el consumo de agua. Como la sensación de sed baja y la sudoración resulta menos evidente, muchas personas creen que ya no necesitan hidratarse con la misma frecuencia. Sin embargo, no es así. “Existe una sudoración imperceptible. Muchas veces creemos que no estamos perdiendo líquidos porque no vemos el sudor, pero seguimos eliminando agua y electrolitos. Por eso la hidratación continúa siendo fundamental”, comentó Porky.
¿Qué ocurre con el entrenamiento cardiovascular?
En el caso de las actividades al aire libre, el especialista aclara que el frío puede representar un desafío adicional. “Correr o hacer ejercicios cardiovasculares en exteriores puede costar un poco más porque al principio el cuerpo tarda en entrar en calor. Una vez que eso ocurre, el ritmo se sostiene mejor, pero el inicio suele ser más exigente”.
Por ese motivo, recomienda utilizar ropa adecuada para conservar la temperatura corporal sin limitar el movimiento, especialmente en disciplinas como running o ciclismo. “Las personas que mantienen la constancia durante el invierno llegan al verano con una base mucho más sólida. Los resultados no se construyen cuando empieza el calor; se construyen mucho antes”, enfatizó.
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