Detrás de la medalla existe un trabajo sostenido, horas de entrenamiento, confianza y una dupla que encontró dentro de la cancha la manera de potenciar las fortalezas de cada una. Para Gatti, el logro representa mucho más que una victoria deportiva: fue una oportunidad para demostrar el nivel que puede alcanzar el squash paraguayo cuando el trabajo y la preparación se encuentran con una competencia de alto nivel.
“Felices de aportar una medalla más para el Team Paraguay, mejor aún una de oro”, expresó Gatti al hablar sobre el significado de este resultado. Para la atleta, el oro significa muchísimo para el squash, especialmente porque permite demostrar “de lo que estamos hechos”.
El momento de conocer que eran campeonas suramericanas estuvo marcado por una mezcla de satisfacción y liberación. Después de dejar todo en la cancha, las jugadoras pudieron finalmente disfrutar del resultado de todo ese esfuerzo.
“Satisfacción, dejamos la mochila en la cancha, y salimos a festejar y disfrutar la medalla”, recordó Gatti sobre lo primero que pensó al darse cuenta de que habían alcanzado el título.
Una dupla basada en la confianza
En el dobles, el resultado no depende únicamente del rendimiento individual. La coordinación, la comunicación y la confianza entre las jugadoras pueden ser determinantes en los momentos de mayor presión. En el caso de Gatti y Palacios, esa confianza fue una de las claves para afrontar los momentos decisivos.
“Tenemos mucha confianza entre las dos, cada una tiene sus fortalezas y juntas nos apoyamos para que los errores no sean de mucha importancia”, explicó Gatti.
Esa dinámica permite entender cómo dos deportistas pueden complementarse sin que una opaque a la otra. Cada una aporta desde sus propias capacidades y, al mismo tiempo, encuentran en su compañera un respaldo para superar los momentos complicados de un partido.
Antes del punto decisivo, la conversación entre ambas también reflejó la mentalidad con la que encararon la definición. “Ahora con todo, para esto entrenamos, vamos a vivir en este punto si es necesario”, se dijeron, conscientes de que el trabajo realizado previamente tenía que trasladarse a ese instante.
El trabajo detrás de una medalla
El camino hacia una medalla internacional tampoco se construye en solitario. Aunque el podio tenga solamente los nombres de las deportistas, Gatti reconoce que detrás de sus resultados existe una larga lista de personas que contribuyeron a su carrera.
Al ser consultada sobre quién fue fundamental en su trayectoria, evitó reducir ese reconocimiento a una sola persona.
“Imposible mencionar a una persona únicamente, son muchísimas personas desde el día uno que pusieron su granito de arena para ayudarme a lograr este tipo de medallas”, manifestó.
Su respuesta también refleja una realidad del deporte femenino: detrás de cada atleta existe una estructura de apoyo integrada por entrenadores, familiares, compañeros, instituciones y personas que acompañan el proceso mucho antes de que llegue el reconocimiento internacional.
En ese sentido, el oro conseguido en Santa Fe también funciona como una muestra del camino que vienen construyendo las mujeres dentro del squash paraguayo. La presencia femenina en el alto rendimiento exige constancia y preparación, pero también visibilidad para que nuevas generaciones puedan encontrar referentes y proyectarse dentro de este deporte.
Para Gatti, sin embargo, este logro está lejos de ser un punto final. “Muchísimos sueños y metas, este es recién el comienzo”, afirmó. Entre todos sus objetivos existe uno que ocupa un lugar especial: llegar a los Juegos Olímpicos.
El oro suramericano puede ser entonces una nueva estación dentro de un camino mucho más ambicioso. Gatti y Palacios ya dejaron su marca en Santa Fe 2026 y, con ellas, el squash femenino paraguayo vuelve a ocupar un lugar destacado en el escenario internacional.
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