Un total de 25 jóvenes con discapacidad intelectual se graduaron del Programa de Formación Prelaboral de la Fundación Saraki, luego de dos años de preparación para el mundo del trabajo. La iniciativa, desarrollada en el predio de la Universidad Americana, permitió fortalecer sus habilidades personales y laborales, además de generar vínculos con empresas que hoy ofrecen oportunidades de pasantía e inserción laboral.
“Estos graduados son personas que ya están listas para pasantías, para inclusiones laborales incluso también. Muchas ya consiguieron, otras están en proceso”, explicó a InfoNegocios Sol Montiel, directora de Desarrollo de la Fundación Saraki.
La propuesta nació con el objetivo de preparar a jóvenes con discapacidad intelectual para su incorporación al mercado laboral, pero también de ampliar sus oportunidades de participación social. Con el apoyo de la Universidad Americana, la formación se trasladó a un campus universitario, donde los participantes pudieron asistir a clases, compartir espacios comunes y convivir con otros estudiantes.
Para Montiel, esta experiencia fue uno de los aspectos más significativos del programa, ya que muchos de los jóvenes soñaban con vivir una etapa universitaria similar a la de sus hermanos, primos o padres. La posibilidad de recorrer el campus, utilizar la cantina e integrarse a la dinámica cotidiana de la institución convirtió la formación en una experiencia que trascendió el aula.
“Cuando hablamos de inclusión, muchas veces la gente piensa en inclusión laboral, pero la inclusión social es súper importante también”, señaló.
La graduación, celebrada en septiembre, estuvo marcada por la emoción de los participantes y sus familias. Con togas, birretes y certificados, los jóvenes celebraron el cierre de dos años de esfuerzo y el comienzo de una nueva etapa. Para sus familiares, el momento también representó la posibilidad de verlos alcanzar experiencias que, en algunos casos, parecían difíciles de concretar.
Durante el programa, los participantes trabajaron en habilidades sociales, comunicación, autonomía y competencias necesarias para desenvolverse en un entorno laboral. Entre los contenidos abordados estuvieron el seguimiento de instrucciones, el orden, la atención a las personas y el manejo del dinero.
La metodología combinó formación teórica y práctica, con visitas a empresas de la Red SUMMA, la Red de Empresas Amigas de la Inclusión. Estos recorridos permitieron que los jóvenes conocieran cómo funcionan las organizaciones y se familiarizaran con diferentes puestos de trabajo antes de incorporarse a ellos.
Uno de los principales hitos fue la presentación final de sus talentos y habilidades ante representantes de empresas, en una dinámica similar a una defensa de tesis. Cada participante tuvo la oportunidad de hablar sobre sí mismo, identificar sus fortalezas y explicar qué tipo de tareas le gustaría realizar.
La actividad permitió conectar perfiles individuales con necesidades concretas de las organizaciones. Una de las jóvenes destacó sus habilidades para el orden y la organización, cualidades que despertaron el interés de un supermercado que la incorporará como repositora.
Otro participante, que explicó su facilidad para recibir y orientar a las personas, llamó la atención de una empresa gastronómica interesada en su perfil para desempeñarse como anfitrión. A su vez, una joven con habilidades para comunicarse y relacionarse con otras personas consiguió una oportunidad de pasantía en atención al cliente y recepción.
Montiel destacó que cada participante tiene capacidades diferentes. Mientras algunos se desenvuelven mejor en tareas de organización y archivo, otros sobresalen por su trato interpersonal. El desafío consiste en reconocer esas fortalezas y encontrar funciones en las que puedan desarrollarlas.
Además de preparar a los jóvenes, el programa buscó acercar a las empresas a la experiencia de la inclusión laboral. Según Montiel, uno de los principales obstáculos sigue siendo el desconocimiento sobre las capacidades de las personas con discapacidad.
“Lo que más frena es el miedo”, afirmó, al referirse a las barreras mentales que pueden surgir cuando los empleadores desconocen cómo se desenvolverá una persona con discapacidad en un puesto de trabajo. El contacto directo con los participantes y el reconocimiento de sus habilidades contribuyen a reducir esos temores.
La iniciativa contó con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos, a través del programa Best Buddies Paraguay, y con la participación de empresas vinculadas a la Red SUMMA.
De cara al próximo año, la Fundación Saraki busca sumar empresas patrocinadoras que permitan repetir la experiencia y ampliar su alcance. El objetivo es que la formación se traduzca en oportunidades concretas y sostenibles, capaces de impulsar la autonomía de más jóvenes y facilitar su incorporación al mundo laboral.
La graduación de estos 25 participantes representa así mucho más que el cierre de un ciclo educativo: marca el comienzo de una etapa en la que sus habilidades podrán ponerse a prueba en entornos reales de trabajo. El siguiente paso dependerá de que más empresas se animen a abrir sus puertas y convertir la inclusión en oportunidades efectivas.
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