La chía paraguaya pasó nuevamente la prueba japonesa. Después de un año de controles reforzados, Japón decidió retirar las medidas especiales aplicadas a los envíos del producto y devolverlos al régimen ordinario de monitoreo, reduciendo la lupa sobre las cargas paraguayas.
La decisión se tomó luego de que los controles realizados durante el periodo de vigilancia arrojaran resultados satisfactorios. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón comunicó a la Embajada paraguaya la modificación de su Plan de Monitoreo de Alimentos Importados para el año fiscal 2026.
El antecedente se remonta a julio de 2025, cuando las autoridades japonesas detectaron residuos de atrazina en un envío de chía paraguaya. A partir de entonces, el país asiático elevó el nivel de vigilancia sobre las exportaciones provenientes de Paraguay.
“Japón tiene tres sistemas de control”, explicó Fátima Alfonso, directora de Calidad, Inocuidad y Agricultura Orgánica del Senave en entrevista con InfoNegocios. El esquema ordinario contempla controles aleatorios sobre aproximadamente 5% a 7% de los envíos, pero ante la detección de residuos por encima de los parámetros permitidos, la vigilancia puede aumentar hasta 30%.
Ese fue el régimen aplicado a la chía paraguaya durante el último año. Ahora, con el levantamiento de las medidas, los embarques vuelven al denominado Nivel 1 de monitoreo.
Aunque Japón no es el principal destino de la chía paraguaya —Europa concentra buena parte de la demanda—, representa un mercado de interés para la cadena exportadora.
Alfonso señaló que Paraguay exportó alrededor de 700 toneladas de chía a Japón durante los últimos cinco años, con un promedio de entre 100 y 150 toneladas por año. En 2025, los registros oficiales del Senave contabilizaron 75 toneladas destinadas a ese mercado.
El atractivo está también en las características del mercado japonés. El país asiático no produce chía y mantiene una demanda sostenida por el producto, especialmente por sus propiedades y los diferentes usos que tiene en la alimentación.
“Los japoneses aprecian mucho la chía por todos los beneficios que contiene”, destacó Alfonso, quien además señaló que las exportaciones hacia ese destino se mantienen de manera constante y son realizadas por varias empresas.
Con la vuelta al régimen ordinario, los exportadores recuperan las condiciones habituales de acceso y dejan atrás un esquema que implicaba una vigilancia mucho más intensa sobre cada embarque.
El levantamiento de los controles no fue automático. Durante el periodo de vigilancia reforzada, el Senave intensificó el seguimiento de la cadena productiva y exportadora para responder a las exigencias del mercado japonés.
Entre las medidas adoptadas estuvo el análisis obligatorio de residuos de plaguicidas sobre el 100% de los lotes de chía destinados a Japón, además de la trazabilidad de las zonas de producción, el monitoreo del uso de plaguicidas y capacitaciones para los sectores público y privado.
“Todo el seguimiento lo hacemos nosotros”, explicó Alfonso, al señalar que el trabajo comprende tanto la parte operativa como la normativa y permite realizar un seguimiento constante del producto.
El objetivo fue garantizar que la chía enviada al mercado japonés cumpliera con los requisitos de inocuidad y, al mismo tiempo, identificar y corregir los factores que podían generar nuevas observaciones.
Los resultados obtenidos durante el año de vigilancia permitieron finalmente que Japón reduzca nuevamente sus controles. Para el Senave, se trata de un reconocimiento a las medidas correctivas y preventivas implementadas y de una señal positiva para la cadena exportadora.
La lupa queda puesta en la inocuidad
La experiencia con Japón también dejó una lección para otros productos destinados a mercados asiáticos. Alfonso explicó que el Senave mantiene un seguimiento permanente sobre productos como chía y sésamo que tienen como destino Japón y Taiwán, donde los requisitos de inocuidad son particularmente estrictos.
“Con Japón y Taiwán se maneja un control estricto y procedimientos acordados en su momento con ambos países”, señaló.
La recuperación del régimen ordinario significa, por tanto, más que una reducción de muestreos. Para el sector exportador, representa recuperar previsibilidad en las operaciones y mantener abierta una plaza que, aunque de menor volumen frente a Europa, tiene demanda constante y valora el producto paraguayo.
Después de un año con la lupa puesta sobre cada embarque, la chía paraguaya vuelve al control habitual de Japón. El desafío ahora será mantener los estándares que permitieron recuperar la confianza y evitar que una nueva observación vuelva a endurecer las condiciones de acceso.
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