Medidas cautelares para importación: ¿qué dice el sector ante disposiciones que pueden afectar la salud pública?

(Por NL) Alimentos sin trazabilidad, cadenas de frío rotas y riesgos de enfermedad que pueden derivar en consecuencias fatales, ese es el escenario que abren las medidas cautelares que permiten importar sin el control de la Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (Dinavisa). Mientras tanto, la Corte Suprema de Justicia mantiene estos casos en un limbo jurídico y las voces críticas coinciden en el mismo reclamo de que la máxima autoridad judicial del país debe expedirse de una vez, ya sea para hacer lugar o rechazar los pedidos, pero no seguir postergando una definición con estas medidas que continúan sin resolverse y ponen en juego la seguridad de los consumidores.

Desde hace más de una década, el sector importador convive con este mecanismo, inicialmente vinculado a cosméticos. Sin embargo, desde 2023 se extendió también a alimentos y bebidas, lo que genera preocupación tanto en las autoridades sanitarias como en los gremios de importadores.

Por el lado del sector privado, Juan Pablo Jaeggli, vicepresidente de la Cámara de Importadores Perfumes y Cosméticos (Caimpeco) y miembro del directorio del Centro de Importadores (CIP), coincidió en la gravedad del problema. “Cuando la medida era solo para cosméticos y perfumes, ya metían cualquier cosa. Se aprovecharon de esa inmunidad que le daba la Corte para ingresar suplementos alimenticios y otros productos”, explicó.

Jaeggli apuntó a los riesgos que esto genera en el mercado: “Ya hubo denuncias de productos en mal estado, muchas veces ingresados por empresas de maletín, sin trazabilidad, comprando saldos de stock sin importar si estaban vencidos o por vencer”.

El representante resaltó que el perjuicio no es solo sanitario, sino también legal y comercial: “Muchos productos tienen representación y distribución oficial en Paraguay. El día que pase algo con esas marcas, la responsabilidad va a caer sobre los distribuidores legales o el Estado, mientras las empresas que trajeron esos productos quedan en la sombra”.

Para el CIP, la falta de resolución definitiva por parte de la Corte Suprema agrava el escenario: “Mientras siga en el limbo, la Corte, de hecho, está autorizando estas importaciones. Y lo peor es que muchas de esas empresas están lideradas o representadas por personas con antecedentes de lavado de dinero y narcotráfico”, denunció.

¿Qué dice el sector público?

El titular de Dinavisa, Jorge Iliou Silvero, fue categórico: “Los alimentos se introducen al organismo humano, y si es que no tienen las garantías de la autoridad sanitaria para su ingreso al país, para su transporte, con las condiciones de transporte y almacenamiento, pueden causarle problemas sanitarios muy graves a los ciudadanos”.

Iliou advirtió que la trazabilidad se pierde cuando los productos ingresan sin controles, dificultando la detección y retiro de lotes defectuosos: “Se tiene que tener una cadena de trazabilidad de los productos para que, en caso de un desvío de calidad, se pueda retirar inmediatamente todo el lote del mercado y que ningún ciudadano siga consumiendo algo que pueda dañar su salud”.

El funcionario insistió en que estas medidas no solo afectan a Dinavisa, sino que debilitan la institucionalidad: “No estamos hablando de vestimenta o inmuebles, estamos hablando de productos que pueden ocasionar daño a seres humanos. Deberíamos respetar la autoridad sanitaria porque, de lo contrario, se facilita la proliferación de productos falsificados y de contrabando”.

¿Hacia dónde apunta la solución?

Tanto Dinavisa como el CIP coinciden en la necesidad de que se respete el Código Sanitario y que la Corte resuelva de fondo las medidas cautelares. El Poder Legislativo también se sumó al debate, ya que según Jaeggli, los parlamentarios se mostraron abiertos a revisar la normativa para “reencauzar el orden legal” y devolver a la autoridad sanitaria la potestad de controlar lo que ingresa al país.

Mientras tanto, la tensión persiste entre la urgencia empresarial por importar y la obligación del Estado de resguardar la salud pública. Lo que comenzó como una discusión sobre cosméticos y competencia desleal, hoy se convirtió en un tema de alto riesgo sanitario y de institucionalidad.

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