La organización lleva ocho años de trayectoria. Comenzó con 13 mujeres y hoy mantiene a 10 de las fundadoras, a las que se fueron sumando otras productoras de la misma comunidad. Todas son mujeres de la zona, vecinas y familiares, un factor que fortaleció el trabajo colectivo y la continuidad del proyecto. “Empezamos de a poco, pero siempre con la idea de crecer y hacer algo propio”, señaló su presidenta, Mercedes Alcaraz.
El punto de inflexión llegó en el último año, cuando el grupo accedió por primera vez a proyectos de apoyo productivo. En un mismo período lograron la aprobación de dos iniciativas clave. Por un lado, el acompañamiento de Altervida permitió equipar la agroindustria con deshidratadoras, cortadoras y molinos, herramientas fundamentales para transformar la producción primaria en alimentos con mayor valor comercial. A esto se sumó el respaldo del Proyecto de Inserción a Mercados Agrarios (PIMA), que aportó equipamientos adicionales como un motocarro, motocultor, azada rotativa trasera, kits de encanterado y kits de sistema de riego por goteo, entre otros, para fortalecer la microindustria.
Además del apoyo técnico, la Gobernación facilitó un local en Paraguarí que hoy funciona como espacio de producción y punto de venta. Con infraestructura, maquinaria y capacitación, Yvy Poty dio el salto desde la venta de productos frescos a la elaboración de una línea de alimentos procesados, listos para competir en ferias y mercados locales.
La propuesta productiva se centra en harinas orgánicas elaboradas a partir de cultivos propios. En su portafolio figuran harina de mandioca, batata, zanahoria, remolacha, arroz, calabaza y perejil, además de cúrcuma y jengibre. Todas las materias primas son cultivadas por las mismas socias en sus huertas, lo que garantiza trazabilidad, control del proceso y un diferencial frente a productos industrializados. La producción depende directamente de la disponibilidad estacional de frutas y verduras, lo que refuerza el vínculo entre la huerta y la agroindustria.
En términos de mercado, el grupo apunta a un consumidor cada vez más interesado en alimentos naturales y funcionales. Las harinas se utilizan tanto en recetas tradicionales, como la chipa y otros panificados, como en preparaciones alternativas. El auge de tendencias como la dieta keto y el consumo de productos orgánicos abrió una oportunidad concreta para este tipo de elaboraciones. “La gente pregunta mucho para qué sirve cada harina y cómo se puede usar”, comentó Alcaraz.
Las ventas se concentran actualmente en el local propio de Paraguarí, pero la estrategia comercial apunta a ampliar canales. La participación reciente en la Costanera de Asunción marcó un hito para el grupo, con buena aceptación del público y mayor visibilidad. A partir de esa experiencia, el objetivo es sostener la presencia en ferias urbanas y sumar nuevos espacios de comercialización en la capital.
Más allá del negocio, el impacto social es significativo. La agroindustria genera ingresos directos para las productoras y sus hogares, en un esquema de empleo femenino y trabajo asociativo. Aunque el comité está integrado formalmente por entre 10 y 15 mujeres, detrás de cada una hay familias que dependen de esta actividad, lo que amplifica el efecto económico en la comunidad.
Con el nuevo equipamiento recibido, Yvy Poty proyecta aumentar volúmenes, diversificar la oferta y mejorar la eficiencia del proceso productivo. La meta es consolidar una marca local vinculada a alimentos orgánicos, producción responsable y origen comunitario. En un contexto en el que el consumidor valora cada vez más la historia detrás de los productos, la experiencia de estas mujeres de Paraguarí empieza a perfilarse como un pequeño negocio con potencial de crecimiento sostenido.
Tu opinión enriquece este artículo: