La sobrecarga de tareas domésticas, la informalidad y las desigualdades laborales son algunos de los obstáculos que persisten, según señalaron Estela Ojeda, gerente general del Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio), y Librada Torales de los Socios, presidenta de la Red de Mujeres Rurales del Paraguay.
Estela destacó que la contribución de las mujeres rurales abarca distintos ámbitos: desde el cuidado de la familia y la transmisión de la cultura hasta el trabajo profesional, la investigación y las actividades productivas. Sin embargo, sostuvo que ese aporte no siempre recibe el reconocimiento correspondiente. También habló sobre las desigualdades que enfrentó durante su carrera y la necesidad de garantizar condiciones laborales equitativas.
“Las mujeres somos tan capaces como los hombres. Para ser ingeniera agrónoma pasé todos los requisitos que cumple un ingeniero agrónomo varón. Entonces, ¿por qué no tengo la capacidad de cumplir el mismo trabajo y que me den las mismas condiciones?”, expresó Ojeda.
Por su parte, Librada Torales señaló que el trabajo de las mujeres rurales suele estar sobrecargado, no ser remunerado y desarrollarse en la informalidad. Explicó que, incluso cuando cuentan con una actividad que genera ingresos, muchas continúan asumiendo las tareas domésticas, la limpieza y el cuidado de la familia. Esta doble carga limita sus posibilidades de capacitarse, emprender o dedicar más tiempo a actividades económicas.
Barreras para alcanzar la independencia económica
La autonomía económica también está condicionada por factores sociales y personales. Según Librada, la violencia dentro del hogar, la falta de autoestima, la escasa preparación y la ausencia de redes de apoyo pueden dificultar que las mujeres encuentren alternativas para generar ingresos propios.
“El acceso a créditos y tierras propias representa otro desafío. La informalidad de las actividades productivas y la falta de garantías de pago dificultan el financiamiento, mientras que los costos de infraestructura e inversión inicial pueden superar los montos disponibles”, sostuvo Torales.
Las condiciones de los créditos deben adaptarse a los ciclos productivos. “Actividades como la cría de cerdos y la producción hortícola o agrícola dependen de temporadas específicas, por lo que los plazos y las modalidades de pago deberían considerar cuándo se generan los ingresos”.
Capacitación y políticas públicas
Estela destacó la importancia de continuar con iniciativas que faciliten el acceso de las mujeres a títulos de propiedad, ya que estos pueden ampliar sus posibilidades de obtener financiamiento. También señaló la necesidad de fortalecer la capacitación y el acompañamiento a quienes trabajan en la agricultura familiar.
Asimismo, resaltó la importancia de generar oportunidades para los jóvenes y acercarlos al sector agrícola desde las instituciones educativas, mostrando las posibilidades de desarrollo profesional y laboral que ofrece esta actividad.
Por su parte, Torales instó a las mujeres rurales a organizarse y conocer sus derechos. En particular, mencionó la Ley N.º 5446/15, de Políticas Públicas para Mujeres Rurales, como un instrumento para promover sus derechos y facilitar el acceso a políticas públicas. “Por sobre todo, es informarnos, conocer nuestros derechos y exigirlos”, afirmó. También destacó la importancia de trabajar junto al Estado para acercar propuestas y visibilizar las necesidades del sector.
Ambas referentes coincidieron en que reconocer el aporte de las mujeres rurales debe ir acompañado de mejores condiciones laborales, acceso a recursos y oportunidades concretas para desarrollar sus capacidades y alcanzar una mayor independencia económica.
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