¿Propósitos o presiones?: cómo gestionar la ansiedad por los nuevos comienzos de año

(Por BR) Con la llegada de un nuevo año, muchas personas hacen un balance de lo vivido y se proponen cambios que esperan marcar un antes y un después, tanto personal como profesional. Los propósitos de Año Nuevo vuelven a ocupar un lugar central dentro de la vida de las personas, como ahorrar más, mejorar en lo laboral, cuidar la salud o cambiar hábitos. Sin embargo, detrás de estas metas también aparecen la autoexigencia, la ansiedad y, en muchos casos, la frustración por no cumplir lo planeado.

El psicólogo Nicolás Palomino señaló que actualmente los propósitos de Año Nuevo se viven con mayor intensidad que antes, aunque no siempre desde un lugar saludable. “Es un tema que hoy se está viendo mucho más y sobre el cual hay muchas opiniones. Sin embargo, hay errores bastante comunes en los que las personas suelen caer”, explicó.

Uno de los principales problemas, según el especialista, es plantearse una agenda de metas demasiado estricta. “Muchas veces no se parte de una evaluación realista del año anterior. No haber llegado a una meta no siempre es un fracaso; a veces simplemente no se avanzó hasta el punto que uno esperaba, pero eso no significa que no haya habido progreso”, afirmó. En ese sentido, recomienda analizar desde dónde se parte y si las metas siguen siendo actuales y posibles según las condiciones personales de cada momento.

Otro aspecto es la diversificación de objetivos. Palomino advirtió que muchas personas concentran todas sus metas en una sola área, generalmente la laboral o financiera, dejando de lado otras dimensiones importantes de la vida. “Las metas no pueden ir siempre a un mismo lugar. Hay áreas como la salud, las relaciones o el bienestar personal que también necesitan atención”, sostuvo.

Entre los propósitos más comunes que observa en consulta, el psicólogo menciona lo financiero (especialmente el ahorro), lo laboral y lo relacionado con lo físico. No obstante, aclaró que uno de los mayores obstáculos es enfocarse únicamente en la meta final. “Cuando uno ve el objetivo como algo demasiado grande, es muy probable que se desanime. Aparecen pensamientos como no voy a poder o soy un desastre”, explicó.

Para evitar esto, recomienda dividir las metas en objetivos intermedios y permitir cierto grado de flexibilidad. “No sirve ponerse plazos rígidos como si no lo logro en enero ya no funciona. Eso desanima y favorece la procrastinación. En cambio, es mejor plantearse avances progresivos y entender que si un mes no se logra, se puede remontar al siguiente”, señaló.

La ansiedad es otro factor que suele aparecer con fuerza a comienzos de año. “Muchas personas quieren hacer todo en la primera semana de enero, como si el cambio tuviera que ser inmediato”, observó Palomino. Para explicarlo, utiliza una analogía clara. “Si no corriste una maratón el año pasado, no podés obligarte a correr media maratón en un mes. Hay que ser realistas con las capacidades actuales y convertir los cambios en hábitos, de a poco”.

Desde lo emocional, no cumplir los objetivos suele impactar directamente en el autoconcepto y la autoestima. “La persona siente que no pudo con lo que uno mismo se propuso y eso afecta su percepción de eficacia y de valor personal”, indicó.

En muchos casos, agregó que, los objetivos no responden a necesidades reales, sino a expectativas externas. “Son metas que vienen de afuera, de lo que se supone que uno debería lograr, y no de lo que realmente es urgente o importante para la persona”, dijo.

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