Durante el último año, el volumen de producción de plantas de aguacate se duplicó, acompañado por un crecimiento similar en la demanda. “Durante mucho tiempo hubo interés, consultas y análisis, pero pocos se animaban a plantar. Eso cambió: hoy los proyectos ya están en marcha”, señaló Palacios. Entre las iniciativas más relevantes mencionó un emprendimiento de 100 hectáreas en el departamento de San Pedro, impulsado por inversores de Asunción, además de otro proyecto de gran escala liderado por una empresa chilena en la zona de Punta Suerte.
El desembarco de capitales extranjeros no es casual. Paraguay ofrece ventajas competitivas difíciles de replicar en otros países productores. “Tenemos inviernos cálidos, sin heladas fuertes, y suelos arenosos que favorecen el desarrollo del cultivo. En zonas como San Pedro, las temperaturas mínimas rara vez bajan de 2 o 3 grados, y eso es clave porque el aguacate se ve seriamente afectado cuando la temperatura cae por debajo de cero”, explicó.
Estas condiciones impactan directamente en la rentabilidad del negocio. Mientras que en Argentina o Chile la primera cosecha puede demorar entre dos y cuatro años, en Paraguay el aguacate comienza a producir desde el segundo año. “Eso acelera la recuperación de la inversión y vuelve mucho más atractivo el proyecto”, sostuvo Palacios, siempre en referencia a la variedad Hass, que concentra cerca del 96% del comercio mundial de aguacate.
A la ventaja climática se suma un factor estratégico: el calendario de cosecha. El aguacate Hass paraguayo alcanza niveles óptimos de aceite —más del 24% de materia grasa— a partir de la segunda quincena de febrero, lo que permite salir al mercado entre dos y tres meses antes que los competidores regionales. En Argentina, por ejemplo, la fruta comienza a comercializarse recién hacia junio. “Esa ventana temprana permite acceder a precios muy interesantes, que hoy oscilan entre US$ 3 y US$ 6 por kilo”, detalló.
Con esos valores, el negocio muestra números contundentes. Según Palacios, con apenas tres kilos de fruta comercializada en la primera cosecha, el productor ya puede cubrir la inversión inicial de la planta. “Ese dato explica por qué el aguacate empieza a verse como una alternativa real dentro del agro paraguayo”, afirmó.
En cuanto a los mercados, el consumo interno aún se encuentra en una fase inicial, aunque con señales claras de crecimiento. La incorporación del aguacate en la gastronomía local —desde ensaladas hasta el avocado toast— es un fenómeno relativamente reciente. Sin embargo, el principal destino de la producción actual sigue siendo la exportación, especialmente hacia Argentina, donde el consumo es alto y la cercanía logística juega a favor.
La principal limitante hoy es el volumen. Paraguay todavía no alcanza las 100 hectáreas plantadas con aguacate Hass, aunque la expectativa es duplicar esa superficie en el corto plazo. Para acceder a mercados como Europa, Estados Unidos o China, el sector necesitaría al menos 1.000 hectáreas productivas y una estructura asociativa que permita consolidar una oferta constante. “Ahí empieza a hablarse de cooperativas o sociedades entre productores para que el negocio sea sustentable”, explicó el empresario.
Desde el vivero, el crecimiento acompaña esta tendencia. En 2025 produjeron unas 10.000 plantas; este año duplicaron esa cifra y para el próximo proyectan alcanzar 40.000. “El aguacate se produce a pedido y con mucha anticipación. Hoy ya tenemos vendida toda la producción de 2027 y los nuevos pedidos son para 2028”, señaló Palacios, quien destacó que cerca del 70% de los nuevos clientes provienen del sector ganadero, que ve en el aguacate una vía atractiva de diversificación productiva.
Con inversiones en marcha, demanda asegurada y ventajas comparativas claras, el aguacate empieza a perfilarse como uno de los próximos grandes negocios frutícolas del Paraguay, con potencial para escalar y posicionarse en los mercados internacionales.
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