“El acuerdo es bastante importante para la propiedad intelectual en Paraguay. Desde la Dinapi celebramos la firma de este acuerdo, que es histórico”, señaló Claudia Lorena Franco Quevedo, titular de la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (Dinapi), al referirse a un proceso de negociación que se extendió por más de dos décadas.
El capítulo de propiedad intelectual del acuerdo establece compromisos comunes entre el Mercosur y la Unión Europea en la protección y observancia de derechos vinculados a marcas, nombres comerciales, patentes, modelos de utilidad, diseños industriales, derechos de autor y derechos conexos, obtenciones vegetales, secretos comerciales, información no divulgada y protección de datos de prueba, entre otros activos intangibles.
Según explicó Franco Quevedo, el objetivo central del capítulo es “fortalecer la protección y la observancia de los derechos de propiedad intelectual en ambas regiones”, al tiempo de promover el desarrollo, el comercio, la creatividad, la innovación y la transferencia de tecnologías. “El acuerdo contempla prácticamente todos los aspectos de la propiedad intelectual”, remarcó.
No obstante, uno de los puntos más relevantes y también más desafiantes para Paraguay se encuentra en la sección dedicada a las indicaciones geográficas. Este régimen permite proteger productos cuya calidad, reputación o características están directamente vinculadas a su origen geográfico.
“Para ejemplificar, una indicación geográfica de Europa es el queso gruyere, el coñac o el champán”, explicó la titular de la Dinapi. De acuerdo con la legislación paraguaya, se trata del nombre de un país, región, distrito o localidad que identifica a un producto originario de ese lugar, cuando una cualidad o reputación del bien se debe esencialmente a su procedencia.
El acuerdo contempla el reconocimiento y la protección automática de las indicaciones geográficas de cada país firmante, lo que representa una oportunidad estratégica para productos paraguayos con identidad territorial. “Eso implica para nuestros productos originarios que cuenten con indicaciones geográficas una protección y, de cierta manera, una agregación de valor”, señaló Franco Quevedo.
Además del valor económico, las indicaciones geográficas cumplen una función de posicionamiento internacional. “Cumple una función de marca país, porque indica que el producto es exactamente de un lugar determinado y tiene características propias por ser de ese lugar”, explicó. Como ejemplo, mencionó el ñandutí de Itauguá, cuyo valor diferencial está directamente asociado a su origen y a la técnica artesanal local.
Desde la perspectiva comercial, el reconocimiento automático de estas indicaciones facilitará el acceso de productos paraguayos al mercado europeo. “El producto que cuente con una indicación geográfica, al ser comercializado en la Unión Europea, va a tener la seguridad de estar protegido y un valor agregado”, afirmó.
Sin embargo, el nuevo escenario también exige ajustes internos. “El desafío para la Dinapi está en la sección que se refiere a indicaciones geográficas, por lo que representa. Tendremos que realizar varias adecuaciones para poder registrar tanto a nivel nacional como en la Unión Europea”, advirtió.
Para la institución, el acuerdo marca un momento clave para reforzar el rol de la propiedad intelectual como herramienta de desarrollo económico y comercial. “Es un excelente momento para resaltar la propiedad intelectual y el comercio”, concluyó Franco Quevedo.
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