Sady Salinas: “Si aumentamos la producción de mbokaja y la capacidad industrial, podemos sustituir importaciones en determinados productos”

(Por LM) El mbokaja paraguayo tiene condiciones para convertirse en una de las materias primas más prometedoras para la industria nacional. Sin embargo, para que ese potencial se traduzca en crecimiento económico, empleo y nuevas inversiones, el país deberá resolver un desafío clave: garantizar el abastecimiento de materia prima, una necesidad que se plantea en el marco del Día Mundial del Coco, que se recuerda cada 2 de septiembre.

Sady Salinas, gerente general de BISA SA (Base Industrial Salinas), empresa dedicada a la industrialización del coco o mbokaja, quien sostuvo que existe capacidad industrial para expandir la producción, pero que el crecimiento de toda la cadena depende de una mayor disponibilidad del fruto.

“El mbokaja es una materia prima nativa, renovable y de aprovechamiento integral. En los últimos años aumentó el interés por sus aplicaciones industriales, especialmente por la búsqueda de materias primas de origen vegetal, productos de economía circular y fuentes alternativas de energía”, explicó Salinas.

La ejecutiva destacó que Paraguay cuenta con una oportunidad única para desarrollar una industria basada en un recurso propio, capaz de vincular a productores, centros de acopio, industrias y nuevos emprendimientos dentro de una misma cadena de valor.

Del aceite a la energía: un fruto con múltiples aplicaciones

Uno de los principales atributos del mbokaja es su aprovechamiento integral. En BISA, la materia prima se transforma principalmente en aceite de pulpa, aceite de almendra y expellers, además de otros subproductos destinados a aplicaciones energéticas e industriales.

Según Salinas, actualmente la demanda más importante proviene de sectores vinculados con la alimentación animal, la industria oleoquímica, la elaboración de productos de limpieza y otros procesos industriales. A esto se suma el creciente interés por combustibles y fuentes de energía renovable.

“El crecimiento de la demanda no debería medirse solamente por la venta de un producto terminado, sino por la posibilidad de desarrollar nuevas cadenas de valor alrededor de cada componente del mbokaja”, afirmó.

La ejecutiva resaltó que prácticamente cada parte del fruto puede transformarse en un producto con valor agregado. De la pulpa y de la almendra se obtienen aceites con diferentes aplicaciones; los expellers pueden destinarse a la alimentación animal, mientras que el carozo y otros componentes sólidos pueden utilizarse como biomasa y combustible para procesos industriales.

Para la gerente general de BISA, Paraguay tiene la posibilidad de fortalecer su industria a partir del desarrollo de productos derivados del mbokaja antes de exportar materia prima.

“Si aumentamos la producción de materia prima y la capacidad industrial, podemos sustituir importaciones en determinados productos, generar nuevos emprendimientos y desarrollar productos con identidad paraguaya para mercados internacionales”, sostuvo.

Salinas considera que el potencial del sector también radica en la articulación entre productores, centros de acopio, industrias, instituciones de investigación y emprendedores, lo que permitiría generar una cadena organizada capaz de crear mucho más valor que la comercialización aislada del fruto.

Impacto en el interior y en la agricultura familiar

La industrialización del mbokaja tiene, además, un impacto directo sobre las comunidades rurales. Según explicó la ejecutiva, un fruto que históricamente podía ser visto simplemente como un recurso disponible en el campo pasa a convertirse en una materia prima con demanda industrial y valor económico.

“El mbokaja tiene una característica muy importante para la agricultura familiar: es una especie perenne que puede convivir con otros cultivos y producir durante muchos años”, señaló.

A ello se suma el movimiento económico generado por las actividades de acopio, transporte, logística, mantenimiento y servicios vinculados a las plantas industriales. “El valor no queda concentrado únicamente en la fábrica; se distribuye a lo largo de toda la cadena”, destacó.

Desde la visión de BISA, fortalecer la cadena del mbokaja puede convertirse en una herramienta de desarrollo regional, especialmente para pequeños productores y comunidades donde existen pocas alternativas de generación de ingresos permanentes.

Economía circular y energías renovables

Otro de los aspectos que posicionan al mbokaja como una materia prima estratégica es su contribución a la sostenibilidad.

“La economía circular significa que lo que para una etapa del proceso puede ser un residuo, para otra industria se convierte en materia prima”, explicó Salinas.

En ese sentido, destacó que el carozo y otros componentes sólidos pueden transformarse en biomasa para la generación de energía térmica, lo que permite sustituir parcialmente combustibles convencionales y disminuir la presión sobre otras fuentes de biomasa.

Además, los aceites, expellers y demás subproductos continúan alimentando distintas cadenas productivas, lo que maximiza el aprovechamiento del fruto y reduce los desperdicios.

A pesar de las oportunidades, Salinas reconoce que el principal desafío para consolidar la industria sigue siendo aumentar la producción de mbokaja.

“El crecimiento depende directamente de contar con suficiente materia prima de calidad y de manera sostenida durante los próximos años”, afirmó.

Para lograrlo, considera necesario avanzar en una política de Estado de largo plazo que incluya incentivos efectivos para la plantación, acceso a financiamiento, asistencia técnica, investigación y capacitación.

Asimismo, remarcó la importancia de mejorar las prácticas de cosecha y fortalecer la coordinación entre todos los actores de la cadena productiva.

“Paraguay tiene la oportunidad de convertir al mbokaja en una materia prima estratégica, no solamente por su potencial industrial, sino porque puede combinar producción rural, generación de empleo, agregado de valor, energía renovable y sostenibilidad ambiental”, concluyó la gerente general de BISA.

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