Hay muchas historias para contar y muchos nombres de directores grandes y jóvenes que, poco a poco, empiezan a resonar. Tal es el caso de Sebastián Argüello, director y actor, quien empezó su carrera a través del teatro, espacio que le permitió descubrir la pasión que hoy guía su vida profesional.
“En el 2015 estaba estudiando teatro y fue en ese tiempo que decidí dedicarme al audiovisual. Abrimos nuestra primera productora en ese momento con un grupo de amigos, algunos de ellos también actores. Entonces, para mí, el teatro siempre fue esa puerta de acceso a narrar historias. Después, en mi vida, estudié fotografía y estudié otras cosas que hicieron que todo vaya encajando. Siempre digo gracias al teatro; sin ello, a mí no se me iba a despertar la pasión por el cine o por el audiovisual, por narrar historias a través de una cámara”, comentó.
Hoy combina la actuación con la dirección, aunque Argüello reconoce que su primer amor sigue siendo actuar. Esa experiencia, explicó, influye directamente en su manera de dirigir. “Para mí, como comparto con mi maestro Juanca y mi maestra Tana, el actor es el alma del audiovisual, del teatro y de las historias, porque en su corazón, digamos, residen estas emociones y esta historia que queremos narrar nosotros, los audiovisualistas. Entonces, para mí siempre es la actuación y de la mano viene la dirección. Mi enfoque siempre se dirige hacia los actores”.
Su trabajo como director está enfocado principalmente en acompañar a los intérpretes, convencido de que una buena historia necesita personajes capaces de transmitir emociones genuinas. “Podés tener una historia excelente, pero si los personajes no tienen un arco o les falta esa verdad emocional, la historia pierde fuerza”, sostuvo. A su criterio, son justamente las actuaciones las que aportan esa “sazón” que convierte una buena idea en una experiencia capaz de conectar con el público.
A lo largo de los años, Argüello participó en distintos proyectos audiovisuales, como Matorral, Marilina: Atreverse a Soñar y Retratos de una Ciudad, donde asegura haber aprendido mucho más que cuestiones técnicas. Si bien consideró que el oficio se perfecciona naturalmente con la experiencia, destacó que las mayores enseñanzas provinieron del aspecto humano. “Siempre me tocó trabajar con gente muy humana, que pone a la persona primero. Hablo de todos mis compañeros del audiovisual. Entonces, nada, yo creo que eso, el trabajo en equipo, forja mucho la paciencia y el carácter para tomar decisiones cuando hay que tomarlas”.
El “milagro” de hacer cine en Paraguay
Con los años, su mirada sobre el cine paraguayo también fue transformándose. Hoy reconoce que comprender el funcionamiento interno de una producción le permitió valorar el enorme esfuerzo que implica concretar una película, una serie o un cortometraje. “Yo creo que, al entender el cine o el audiovisual desde adentro, entendés lo milagroso que es que se dé una pieza, una obra audiovisual. Digo milagroso porque hay tantas cosas que tienen que congeniar en su momento y se tienen que entrecruzar. Además, digo que es más milagroso en países como el nuestro. De esa manera influyó un poco mi profesión dentro de la visión que tengo también”.
Esa realidad también modificó su manera de relacionarse con la industria. Al comienzo de su carrera admitió que tenía una visión más competitiva, pero la experiencia le enseñó que el crecimiento del audiovisual depende del trabajo conjunto. “Siempre hay que estar con la gente que empieza, con quienes están remando sus proyectos. Tenemos que ayudarnos entre todos”, afirmó.
“Necesitamos unirnos entre todos para poder hacer crecer nuestro arte y, al final, que a uno le salga bien también beneficia al otro. Siento que tenemos que ser más compañeros y compañeras para que algún día llegue el Oscar a Paraguay. No digo que el Oscar sea lo mejor, pero digo que es lo más visible”, mencionó.
Además de proyectos cinematográficos, Argüello desarrolla trabajos publicitarios, un ámbito que, según explicó, plantea desafíos completamente diferentes. Reconoce que la publicidad suele contar con mayores recursos económicos, pero también con restricciones creativas derivadas de los objetivos comerciales de cada marca. “En publicidad hablás por una marca, por algo que hay que vender. Todo está mucho más delimitado”, señaló.
En contraste, considera que el cine, las series y los cortometrajes ofrecen un espacio permanente para experimentar y explorar nuevas formas narrativas. Aun así, celebra que cada vez existan más empresas dispuestas a apostar por campañas innovadoras.
“Hay marcas que se juegan por ideas creativas, por ideas novedosas. Yo personalmente les aplaudo a esas marcas, porque hay que tener los pantalones bien puestos, de repente, para mostrar otras cosas. Por más marcas así, porque en esas publicidades da gusto estar. Siempre me hallo estando en las publicidades porque están mis compañeros de laburo y el ambiente de camaradería es igual que haciendo cine”, destacó.
El sueño de crear historias propias
Entre sus metas personales permanece intacto dirigir un largometraje. “Yo siempre quise hacer una película. En los últimos años, trabajando un poco para la televisión, me di cuenta de que soy un bicho de la televisión, como que me crié viendo programas, series y dibujos animados. Entonces, con un grupo de amigos estamos produciendo una serie nuestra para hablar de nuestras cosas y de las cosas que le pasan a la gente en Paraguay, a la gente de nuestra edad. Yo ya no me considero exactamente joven, pero siento que este es el momento para crear. Y, por suerte, tengo un grupo de amigos laburadores del audiovisual con quienes estamos remando juntos, porque a veces escribir y producir puede ser un camino muy solitario si no te conseguís los pares correctos”.
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