Una industria que apueste por lo natural: la clave para volver a criar razas laneras

(Por SR) En algún momento, la lana ovina fue un componente relevante de la producción pecuaria en Paraguay. Sin embargo, con el paso del tiempo, este rubro fue perdiendo protagonismo frente a la creciente demanda de carne, hasta casi desaparecer del mapa productivo nacional. Hoy, la lana sobrevive en manos de pequeños artesanos y criadores tradicionales que luchan por mantener viva una práctica ancestral. ¿Hay futuro para este sector? El doctor Rómulo González, veterinario y asesor técnico en producción ovina, nos ofrece una mirada experta y realista sobre el presente y las oportunidades de esta fibra natural.

“La producción de lana prácticamente desapareció en Paraguay en términos industriales”, afirmó González, al recordar cómo hace apenas una década las razas ovinas con aptitud lanera tenían una presencia considerable en los campos del país. Hoy, sin embargo, el foco está puesto casi exclusivamente en la carne, una actividad más rentable y con mayor salida comercial.

Este giro responde a varios factores: la falta de colocación de la lana en mercados locales e internacionales, la ausencia de industrias de procesamiento a gran escala, y el costo de esquila, que en muchos casos supera el valor de venta de la lana. “El esquilador te cobra el doble o el triple de lo que vale la lana. Se termina haciendo solo por necesidad, porque las razas laneras no entran en celo si no se las esquila en la época adecuada”, explicó.

Un legado que resiste en Misiones

Pese al desinterés generalizado, la lana no ha desaparecido del todo. En el departamento de Misiones, por ejemplo, algunos criadores y cooperativas siguen apostando por la transformación artesanal de la fibra. Uno de los pocos compradores de lana en el país es la Cooperativa Ovecha Ragüe, que adquiere la materia prima para la elaboración de ponchos, chalecos, bufandas y otros atuendos tradicionales, mayormente para la temporada invernal.

“La lana que se produce todavía es de muy buena calidad, aunque se comercializa en cantidades pequeñas y bajo esquemas muy artesanales”, señaló el técnico. Se trata de un circuito de producción que mantiene viva una tradición cultural más que un negocio con potencial expansivo bajo las condiciones actuales.

Según el último informe de exportaciones del Rediex, se muestra que nuestro país exportó lana a destinos como Brasil y Hong Kong. Sin embargo, González matiza esta información. “Puede que haya exportaciones, pero son mínimas. No se puede tomar eso como una tendencia de crecimiento”, afirmó. La competencia internacional es feroz: gigantes como China o la India dominan el mercado con producción masiva de hilos, muchas veces sintéticos, que terminan abaratando costos y relegando a los productores locales.

Un mercado en pausa… ¿o en espera?

A pesar del escenario actual, el González ve una posibilidad de recuperación del rubro si se dan las condiciones adecuadas. “Si alguna empresa apuesta a instalar una industria textil que procese lana natural y cierra sus números, muchos productores van a volver a criar razas laneras”, aseguró.

De hecho, la infraestructura básica existe. Paraguay cuenta con condiciones climáticas aptas, una tradición cultural asociada al uso de lana y una población de ovinos que podría adaptarse rápidamente a las exigencias del mercado. Lo que falta, insiste el experto, es la inversión inicial que reactive el interés del productor y garantice un canal de comercialización estable.

Para que la lana vuelva a ser una opción rentable, se necesita más que voluntad. Hace falta un modelo de negocio que involucre industria, asistencia técnica y políticas públicas que fomenten la diversificación productiva. “La única forma de industrializar la lana hoy en día es trayéndola a Misiones. Pero si se instala una nueva planta o se reactiva alguna como la de Carapeguá, hay terreno fértil para crecer”, destacó.

En un mundo cada vez más enfocado en lo natural y sostenible, la lana paraguaya —con su calidad y su historia— podría tener una segunda oportunidad. Solo falta que alguien se anime a apostar por ella.

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