Según cifras oficiales del Banco Central del Paraguay (BCP), las reservas alcanzaron los US$ 11.000,8 millones al cierre del año, con un crecimiento del 11% frente a 2024. La composición de estos activos también muestra solidez: US$ 1.143 millones en oro, US$ 9.112 millones en divisas —principalmente dólares— y US$ 745 millones en otros activos internacionales, lo que refuerza la liquidez y la seguridad financiera del país.
Desde InfoNegocios, contactamos con el economista Germán Rojas, quien señaló que este resultado no es un fenómeno aislado ni producto de una coyuntura puntual. “Las reservas reflejan un comportamiento prudente y ordenado de la política económica”, explicó, al tiempo de recordar que el proceso comenzó a construirse tras el retorno de la democracia, cuando Paraguay atravesaba una situación crítica en materia de divisas.
A fines de los años 80, el país contaba con apenas US$ 135 millones en reservas, suficientes para cubrir solo dos o tres meses de compromisos externos. Frente a ese escenario, una de las decisiones clave fue la adopción del mercado libre de cambios y el reconocimiento de obligaciones en moneda extranjera. Esa medida permitió ordenar el sistema, recuperar la confianza y generar un rápido crecimiento de las reservas, que en poco tiempo saltaron a US$ 600 millones.
Desde entonces, el mecanismo fue claro: Paraguay comenzó a recibir más divisas de las que su economía podía absorber. Ante ese exceso de dólares, el Banco Central actuó como amortiguador, comprando divisas para evitar desbalances y, a la vez, asegurando cobertura cuando la demanda superaba a la oferta. Ese proceso explica buena parte de la acumulación sostenida de reservas a lo largo de los años.
En términos simples, las reservas internacionales funcionan como un “colchón” financiero. Permiten al país enfrentar shocks externos, como interrupciones en el ingreso de dólares, tensiones cambiarias o crisis regionales. Además, garantizan el cumplimiento regular de obligaciones internacionales y reducen el riesgo de episodios de inestabilidad abrupta, algo que sí se observa en varios países de la región con niveles más ajustados de reservas.
Otro punto relevante es el impacto interno. La fortaleza de las reservas y la estabilidad macroeconómica contribuyeron a una apreciación del guaraní frente al dólar desde mediados de 2024. Esto implica menores costos para los productos importados y para aquellos precios atados a la divisa estadounidense. Si bien el traslado a precios no es inmediato ni homogéneo, ya se observan señales, como la reducción en los valores de los combustibles.
Rojas señaló que este proceso debería seguir reflejándose gradualmente en el poder adquisitivo de las familias, a medida que se renuevan stocks y se ajustan costos. “Un menor valor del dólar debería significar menores precios en bienes y servicios dolarizados”, sostuvo, aunque reconoció que algunos sectores reaccionan más rápido que otros.
El economista también destacó que la acumulación de reservas fue posible gracias a reglas claras y sostenidas en el tiempo. Entre los hitos clave mencionó la independencia del Banco Central, consagrada en la Constitución de 1993, y la prohibición de financiar déficits fiscales, establecida tras la crisis financiera de los años 90. Estas decisiones fortalecieron la credibilidad institucional y evitaron desequilibrios estructurales.
En comparación con otros países de la región, Paraguay se posiciona con un nivel de reservas sólido en relación con el tamaño de su economía. Bajo la actual administración del presidente Santiago Peña, la combinación de disciplina fiscal, coordinación entre autoridades económicas y un entorno favorable para la inversión permitió romper el techo histórico y reforzar la confianza externa.
Así, los más de US$ 11.000 millones en reservas no solo representan un récord estadístico, sino una señal concreta de previsibilidad, solvencia y estabilidad. Un activo clave que, aunque no siempre visible, sostiene buena parte del desempeño económico del país.
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