El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a través de la tercera fase del Proyecto de Manejo Sostenible de Recursos Naturales (PMRN), ejecuta una donación de la República Alemana superior a los 5,35 millones de euros, destinada a capitalizar el campo. El programa transfiere recursos económicos directos a pequeños productores de la Región Oriental para financiar maquinaria, insumos agrícolas y asistencia técnica, con el objetivo central de recuperar la capacidad productiva de los suelos y elevar la rentabilidad de la agricultura familiar.
La iniciativa ataca directamente el deterioro físico, químico y biológico causado por décadas de manejo tradicional basado en la quema y la remoción continua del terreno. Para revertir este escenario, el esquema promueve la adopción de la agricultura de conservación, articulando técnicas como la siembra directa, el encalado con base en análisis de laboratorio, el subsolado y la cobertura permanente mediante abonos verdes. Se emplean especies de invierno como avena negra, lupino y nabo, sumadas a variedades de primavera-verano como canavalia, mucuna enana, mucuna ceniza, crotalaria, mijo y Brachiaria ruziziensis.
El cuello de botella histórico para la adopción de este paquete tecnológico no fue la falta de capacitación, sino el elevado costo del equipamiento. Ismael Argüello Bazán, especialista en agricultura de conservación del proyecto PMRN, explicó las limitaciones del sector: “Esta tecnología en la agricultura familiar es más nueva todavía porque adoptan poca tecnología por varios motivos; uno es por la falta de maquinaria e implementos, es más difícil. Sin embargo, cuando se le dota de tractor con implementos como sembradora, pulverizadora y rolo cuchillo, eso les permite facilitar el trabajo y disminuir el costo de producción”.
Para romper esta barrera de capitalización, el proyecto entrega financiamiento a grupos organizados para cubrir tres ciclos productivos consecutivos. Las transferencias permiten la compra de un tractor, una sembradora de cuatro líneas, pulverizadoras de 400 a 600 litros, rolos cuchillo, semillas de maíz, cal agrícola, fertilizantes, defensivos agrícolas y semillas de abonos verdes.
El impacto en los volúmenes cosechados respalda la inversión económica. Bajo el sistema convencional, la producción de maíz registraba rendimientos de apenas 700 a 800 kilogramos por hectárea. Con la incorporación de la siembra directa y la restauración del suelo, los volúmenes alcanzaron entre 4.500 y 5.000 kilogramos por hectárea, quintuplicando la productividad por unidad de superficie.
Al respecto, Argüello Bazán destacó el retorno económico directo en las fincas beneficiadas: “Hay muy buenos resultados en cuanto a rendimiento. En maíz, por ejemplo, estaban cosechando 700 u 800 kilos en el sistema convencional, y una vez que adoptan esta tecnología están llegando algunos productores a 4.500 o 5.000 kilos. Y ese es un dato no menor porque la rentabilidad en la agricultura familiar depende mucho del rendimiento por unidad de superficie de los cultivos, y eso finalmente reditúa en un mejor ingreso económico para esa familia”.
El programa abarca a más de 50 organizaciones de productores distribuidas en los departamentos de Concepción, San Pedro, Caaguazú, Caazapá y Paraguarí, y registra la mayor concentración de comités en San Pedro y Caaguazú. Para acceder a los desembolsos, las asociaciones deben contar con tenencia regular de la tierra, personería jurídica, una cuenta bancaria a nombre de la entidad y estar bajo el seguimiento de la Dirección de Extensión Agraria (DEAG), a través de los Centros de Desarrollo Agropecuario locales.
Aunque la siembra directa abarca gran parte de la superficie agrícola nacional, históricamente estuvo concentrada en el segmento empresarial extensivo. El plan busca escalar este modelo en la agricultura familiar, lo que requiere un trabajo coordinado con los municipios para evitar el laboreo tradicional y asegurar un efecto multiplicador que sostenga el desarrollo comercial de las comunidades rurales.
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