Cómo pasar de 1.000 kilos de rendimiento por hectárea a unos 8.000 kilos: claves en el manejo de suelo

Mientras el debate productivo suele centrarse en precios internacionales, genética o insumos, en el campo paraguayo la verdadera diferencia competitiva está cada vez más bajo tierra. El manejo del suelo se convirtió en el factor que define no solo el rendimiento, sino también la rentabilidad y la resiliencia del agro frente a sequías y olas de calor.

En Paraguay, cerca del 99% de la producción mecanizada de granos (maíz, soja, trigo, canola y girasol) ya se desarrolla bajo el sistema de siembra directa con cobertura. Sin embargo, el salto más relevante no es el sistema en sí, sino la calidad del manejo.

“El suelo no tiene que descansar; hay que darle vida”, explicó Ken Moriya, jefe del Departamento de Manejo de Suelos de la Dirección de Extensión Agraria (DEAg), en entrevista con Infonegocios. El cambio, según detalla, no pasa por “productos nuevos”, sino por decisiones más inteligentes.

La diferencia en resultados es concreta. Un pequeño productor puede pasar de rendimientos de 1.000 o 2.000 kilos de maíz por hectárea a niveles de 6.000 u 8.000 kilos cuando incorpora análisis de suelo, rotación estratégica y coberturas bien planificadas. La tecnología existe. El desafío es el acceso y la ejecución.

La clave está en la mezcla de especies como abono verde. En lugar de sembrar una sola cobertura, hoy se combinan avena, nabo forrajero, lupino, crotalaria, mijo o trigo sarraceno en proporciones específicas. Cada especie cumple un rol: reciclaje de potasio, fijación de nitrógeno, captación de azufre o mejora de la estructura.

El resultado es un suelo con mayor actividad biológica, mejor infiltración de agua y menor incidencia de enfermedades. En términos económicos, significa estabilidad productiva.

Las últimas olas de calor dejaron un mensaje claro. En parcelas sin cobertura, la temperatura superficial del suelo puede superar los 60 grados. A ese nivel, los microorganismos responsables de liberar nutrientes como el fósforo prácticamente desaparecen.

Eso implica menor eficiencia del fertilizante aplicado y caída del rendimiento. En cambio, los lotes con cobertura mantienen temperaturas más estables, mayor humedad y mejor disponibilidad de nutrientes.

En un escenario de cambio climático, la cobertura vegetal dejó de ser una práctica conservacionista para convertirse en una herramienta de gestión de riesgo.

El análisis de suelo permite definir qué especies incorporar y qué correctivos aplicar. Incluso prácticas como la aplicación de cal agrícola pueden optimizarse combinándola con especies como el nabo forrajero, generando procesos de “encalado biológico” sin remover el suelo.

Evitar la labranza pesada no solo reduce costos operativos, sino que preserva la estructura y el carbono orgánico, que explica cerca del 90% de la fertilidad efectiva del suelo.

En otras palabras, la materia orgánica se transformó en un activo estratégico.

Paraguay se ubica entre los países más avanzados del Mercosur en siembra directa, junto al sur de Brasil, Argentina y Uruguay. Las condiciones climáticas permiten generar biomasa suficiente para sostener sistemas intensivos de cobertura.

Sin embargo, la brecha persiste en la agricultura familiar. El acceso a maquinaria adecuada y financiamiento limita la masificación del modelo entre pequeños productores.

La ecuación es clara: maquinaria sin conocimiento no funciona, y conocimiento sin acceso a tecnología tampoco escala.

Más que sustentabilidad, competitividad

El manejo del suelo ya no es solo una cuestión ambiental. Es una variable de negocio. Productores que aplican rotaciones estratégicas y cobertura adecuada logran sostener rendimientos incluso en años secos, mientras otros sufren caídas significativas.

En un país donde el agro representa uno de los principales motores económicos, cuidar el suelo equivale a proteger el flujo de ingresos futuros.

La nueva frontera no está en expandir superficie, sino en mejorar el capital natural existente. Porque, en definitiva, el suelo no es solo soporte físico: es el verdadero cimiento del negocio agropecuario paraguayo.

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