Detrás del proyecto está Andrés Darío Rojas León, copropietario del establecimiento, quien relató para InfoNegocios que la idea inicial surgió en septiembre de 2025, durante el tradicional “mes de las flores amarillas”, cuando junto a amigos realizó una reventa de girasoles. Los buenos resultados despertaron una pregunta clave: ¿por qué no producirlos directamente?
Con el respaldo de su familia, el apoyo técnico de su hermano Aldo Niel Rojas León y un análisis previo del mercado, Andrés decidió dar el salto. El 6 de diciembre inició formalmente la plantación en un área de apenas 700 m2, donde sembró cerca de 8.000 girasoles ornamentales, específicamente diseñados para florerías, sin polen ni semillas.
El proceso productivo sorprendió desde el inicio. La floración, que normalmente se da entre los 55 y 60 días, ocurrió en solo 40 días, adelantando los tiempos previstos y obligando al equipo a buscar una salida rápida para evitar pérdidas. Fue allí donde nació la innovación: abrir la quinta al público y permitir que las personas cosecharan su propio girasol.
La apuesta fue arriesgada, pero resultó un acierto. En apenas dos semanas, el establecimiento recibió a cientos de visitantes y logró comercializar 7.552 girasoles, dejando el campo completamente vacío. La entrada y el estacionamiento fueron gratuitos, mientras que la cosecha tuvo un costo accesible de G. 10.000 por flor, una estrategia que facilitó la masiva concurrencia.
Además de la experiencia floral, el lugar ofreció un atractivo inesperado: burros que forman parte del establecimiento ganadero, un detalle que sumó valor para familias y visitantes, especialmente para quienes buscaban una experiencia distinta, contacto con animales y espacios para fotografías.
En términos económicos, la inversión inicial —que incluyó limpieza del terreno, infraestructura y preparación— superó los G. 10 millones. Si bien el emprendedor aclara que aún está cerrando números finos, afirma que logró recuperar gran parte de la inversión, evitando una pérdida que parecía inevitable tras el adelantamiento de la floración.
Más allá de los números, el impacto fue emocional y estratégico. “La alegría de la gente era lo que más me gustaba ver”, señaló Andrés, quien destaca que este tipo de experiencias ya son comunes en países como Taiwán y otros mercados, pero aún están poco exploradas en Paraguay. En ese sentido, Floricultura La Linda se posiciona como uno de los primeros emprendimientos locales en combinar producción ornamental con experiencia abierta al público.
Lejos de ser un evento aislado, el proyecto ya mira hacia adelante. La próxima apertura está prevista para mayo, con miras al Día de la Madre, y una nueva edición en septiembre, nuevamente en el mes de las flores. Para esas fechas, el equipo planea aumentar la producción, sumar nuevos atractivos y mejorar los servicios, siempre manteniendo la esencia del lugar y la privacidad del establecimiento.
Por ahora, el foco sigue puesto exclusivamente en la flor ornamental. No se comercializan semillas ni subproductos, ya que los girasoles están genéticamente preparados para uso decorativo. Tampoco hay planes inmediatos de incorporar otras especies florales, priorizando un crecimiento ordenado y experiencias puntuales.
El caso de Floricultura La Linda demuestra que, incluso a pequeña escala, la combinación de producción agropecuaria, creatividad y experiencia de consumo puede abrir nuevas oportunidades de negocio en el interior del país, conectando al público urbano con el campo y transformando una flor en un modelo de emprendimiento rentable y replicable.
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