Cirilo Acuña, presidente de la APFAC, explicó en diálogo con InfoNegocios que la campaña contará con el acompañamiento del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), principalmente mediante la provisión de semillas para la agricultura familiar. Según indicó, junio y julio son los meses clave para introducir la semilla en la tierra, considerando las condiciones de frío que requiere el cultivo para desarrollarse adecuadamente.
“El Ministerio provee la semilla para los pequeños productores. Esta es la época de siembra: junio y julio”, señaló Acuña, al destacar que el inicio de la zafra representa una oportunidad clave para fortalecer la producción nacional y depender menos de lo importado.
Para esta temporada, se estima que el MAG proveerá alrededor de 780.000 kilos de semillas de papa a nivel nacional. Con ese volumen, Acuña calcula que podrían sembrarse entre 600 y 700 hectáreas dentro del esquema de asistencia estatal. A eso se suma el trabajo de los productores privados que invierten por cuenta propia, por lo que la superficie total podría llegar a las 1.000 hectáreas en todo el país.
El rendimiento promedio esperado ronda los 10.000 kilos por hectárea, una cifra que permite dimensionar el potencial del rubro si se logra sostener una campaña ordenada, con asistencia técnica y mejores canales de comercialización. Según los datos que manejan en el sector, el año pasado la producción nacional de papa se ubicó entre 8 y 10 millones de kilos. La cifra resulta reducida frente al consumo interno, que ronda los 5 millones de kilos por mes, es decir, unos 60 millones de kilos al año.
Ese escenario abre las puertas a una mayor planificación comercial, al fortalecimiento de centros de acopio, a la venta directa y, a futuro, incluso a proyectos de industrialización o exportación.
“Se puede hacer acá en Paraguay”, afirmó Acuña, aunque reconoció que todavía existen desafíos importantes vinculados al costo de producción y a la rentabilidad final en finca.
Uno de los proyectos que más entusiasma al sector es avanzar hacia una producción local de semillas. Actualmente, casi toda la semilla utilizada proviene de Argentina, país que cuenta con mejores condiciones climáticas para el desarrollo semillero. Sin embargo, los productores paraguayos ya analizan alternativas para reducir esa dependencia y abaratar costos.
Acuña comentó que existe interés en desarrollar fincas dedicadas exclusivamente a la producción de semillas, utilizando cámaras frías para conservar el material durante tres o cuatro meses y luego realizar la siembra en marzo o abril.
“Eso es lo que estamos queriendo hacer, un proyecto”, expresó.
La iniciativa permitiría mejorar la autonomía de los productores y fortalecer toda la cadena desde su base.
Además de Paraguarí, el cultivo de papa viene ganando espacio en zonas como San Pedro, Itapúa, Concepción y Pedro Juan Caballero, donde los productores realizan pruebas y adaptaciones según las características del suelo de cada territorio. La expansión demuestra que el rubro despierta interés y que puede convertirse en una alternativa real de ingresos para las familias campesinas.
El cultivo, sin embargo, exige un manejo técnico riguroso. Acuña explicó que la papa requiere temperaturas frescas, idealmente entre 15 °C y 25 °C. En Paraguay, desde septiembre, el termómetro puede superar los 30 °C e incluso acercarse a los 40 °C, lo que representa un desafío importante para el desarrollo del cultivo. A esto se suma la humedad del invierno en la Región Oriental, que suele jugar en contra al favorecer la aparición de enfermedades.
“La papa necesita un clima ideal que oscila entre 15 y 25 grados. Acá, a partir de septiembre, ya pasamos los 30 grados”, detalló.
Por eso, el acompañamiento técnico, el buen manejo del suelo y el uso adecuado de fungicidas e insecticidas son aspectos clave para no perder la inversión.
En materia comercial, los productores también apuestan por una mayor organización. Acuña indicó que la venta directa a través de asociaciones y centros de acopio es la mejor herramienta para mejorar los ingresos del productor y evitar que los intermediarios se queden con gran parte del margen.
Según explicó, para que el negocio funcione y sea rentable, el precio en finca debería ubicarse en torno a los G. 3.500 por kilo.
“Con G. 3.500 por kilo ya deja un poquito de ganancia”, afirmó, al mencionar que los costos de producción son elevados y pueden alcanzar hasta G. 50 millones por hectárea. No obstante, contar con semillas entregadas por el MAG representa un alivio importante para el bolsillo de los pequeños productores, que encaran la zafra con la expectativa de ganar más espacio en las mesas paraguayas.
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