Rolando Ocampos: “El arte es la columna vertebral de mi vida, todo está unido a ella y, por sobre todo, es mi forma de encontrar el sentido a la vida”

(Por BR) El ser humano, por naturaleza, es un ser instintivo, racional. Desde chicos aprendemos a agarrar el lápiz y los colores y, antes de conocer el abecedario o sumar y restar, desarrollamos nuestras motricidades y nuestra creatividad, que se ve impregnada en un papel con rayaduras de un niño, que a la larga se vuelven trazos. Esos trazos nos acompañan durante toda nuestra vida, porque son el inicio de nuestro aprendizaje de lo que conocemos.

Si bien hay personas cuyas rayaduras de colores en un papel las acompañan toda su vida, estas van mutando, evolucionando y convirtiéndose en su principal don o instrumento, es decir, su arte. Es así que, en entrevista con InfoNegocios, Rolando “Rolo” Ocampos, artista, compartió su historia, crecimiento y proyecto artístico, que ya suma 27 años de carrera.

“Nunca me dediqué a otra cosa que no sea el arte; en mi familia nadie se dedica al arte o entiende lo que es, pero siempre respetaron ese lado mío. Desde chico me gustaba dibujar, me gustaba hacer otras cosas. Por suerte, mi familia nunca me cerró esas puertas. Entonces, yo creo hoy, de grande también, porque soy profesor —me recibí de profesor superior de Bellas Artes—, que uno de los principales motivadores o escenarios ideales para que alguien se convierta en artista es soltar. Y todos aprendemos primero a dibujar y después, por medios prácticos, aprendemos a leer, describir, sumar y todo eso, y eso se va convirtiendo, digamos, en algo más importante que dibujar”, resumió.

Si bien Ocampos creció en un entorno sin antecedentes artísticos, el hecho de tener el apoyo de su familia fue un pilar determinante para sostener una vocación que, con el paso del tiempo, se transformó en una carrera de 27 años. El primer punto de inflexión llegó a los 13 años, cuando vendió su primera obra.

“A los 13 años vendí mi primera obra; fue ahí que dije: puedo lucrar con esto. Y en ese momento sentí que fue muy importante. Me di cuenta muy temprano de que yo podía generar dinero con eso, porque mi familia no tenía muchos recursos, éramos de clase media. Dije: ‘yo puedo vender esto, tengo un talento para esto, me gusta hacer’, y darse cuenta temprano es un poco raro; a los 13 años no te das cuenta de eso. Comencé a hacer dinero temprano en mi carrera, investigué más, estudié más dentro de lo que pude y ahora tengo 40 años y nunca paré”, relató Rolando.

“A los 15 años yo tenía que decidir qué hacer, a qué bachillerato ir. Justo en ese año se abrió el primer bachillerato en diseño gráfico y era como una señal del universo. Tenía un montón de carreras, como informática, pero era malísimo, y dije: bueno, este es mi camino. Me metí en el mundo del diseño gráfico y eso me dio una perspectiva muy grande, lo que me permite ser un híbrido entre un artista de caballete y un diseñador gráfico”, agregó.

Esa combinación, lejos de encasillarlo, le abrió nuevas posibilidades. Su paso por agencias y el mundo digital le aportó una perspectiva contemporánea que se refleja en su obra, donde conviven técnicas tradicionales con una lógica visual más cercana a los lenguajes actuales.

Esa versatilidad también se traduce en su capacidad de moverse entre distintos formatos: pintura, muralismo y diseño conviven dentro de su producción. Para Ocampos, esta fluidez no responde únicamente a lo técnico; más bien es una forma de pensar el arte. “La estética y los conceptos son los que se mantienen; el resto es cómo desarrollar eso”, señaló.

Actualmente, el artista atraviesa una etapa de madurez en la que su obra dejó de ser únicamente un canal de expresión para convertirse en un espacio de comunicación. “Antes sentía que me expresaba; ahora siento que me comunico, hay un ida y vuelta. Encontré como una estética particular, estoy pintando todo este montón de cosas que pasan y se ve como muy cotidiano, se ve muy cercano y la gente se identifica. Hice match, básicamente; la gente me dice: ‘yo viví eso, yo conozco un lugar así, esto es parte de mi infancia, me recuerda a mi abuela’. Entonces el ida y vuelta ahora es mucho más inmediato y esa es como una diferencia grande que encuentro”, explicó.

Parte de ese proceso también tiene que ver con una búsqueda de identidad. Durante años, Ocampos sintió que su obra no terminaba de pertenecer a un lugar específico. “Me sentía como un artista de ningún lado”, confesó. Hoy, en cambio, percibe una mayor conexión con lo local. “Mi obra se siente muy paraguaya”, le comentaron colegas desde el exterior, una apreciación que él mismo comparte.

Ese giro se materializa en Caórdico, su más reciente serie y la sexta exposición individual de su carrera. El nombre, una palabra inventada que fusiona “caos” y “orden”, sintetiza el concepto central de la propuesta: la convivencia entre el desorden contemporáneo y la necesidad de estructurarlo.

La serie, además, introduce una lógica expositiva poco tradicional. En lugar de presentar todas las obras en una sola muestra, Ocampos optó por un formato por etapas, inspirado en la industria musical. “Hoy el consumo es distinto. Si mostrás todo de una vez, se agota rápido”, dijo. Así, fue liberando las piezas de manera progresiva hasta llegar a la etapa final, que reúne nuevas obras junto a bocetos y procesos.

Desde lo visual, Caórdico representa también una ruptura con su etapa anterior. Si antes su estética era más minimalista y centrada en un solo elemento, ahora se presenta como un “mar de ideas”, con capas superpuestas, múltiples escenas y una saturación visual que dialoga con el exceso de información propio de la era digital.

“Es como abrir las redes sociales, hay demasiadas imágenes, demasiados estímulos”, describió. En ese sentido, su obra funciona como un espejo de la contemporaneidad, donde el desafío, aparte de crear, es también ordenar el caos.

Sin embargo, ese caos inicial fue encontrando su propia lógica. “Hoy ya no lo siento como caos, es mi lenguaje. A fin de año voy a sacar un libro otra vez; ya saqué uno en el 2018. Hasta ese momento era como un cambio grande y ahora, ocho años después, voy a sacar otro. Siento que ya cambiaron ciertas cosas, evolucioné en ciertos aspectos”, afirmó.

Esa evolución es, justamente, lo que lo lleva a cerrar esta etapa y abrirse a nuevas búsquedas, en las que anticipa una sensibilidad más “amigable” y cercana. “El arte es la columna vertebral de mi vida, todo está unido a ella: a mi pasión, a mi trabajo, a mi lenguaje, a mi forma de mostrar amor y, por sobre todo, a mi forma de encontrar el sentido a la vida. Porque para mí es eso: yo, a través del arte, me hago cuestiones, me hago preguntas, trato de resolver cosas con el arte; incluso es una forma de guardar mi pasado o tratar de predecir mi futuro. Entonces el arte es como el 100% la columna de toda mi vida; el resto está unido a eso”, resaltó Rolando.

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