La situación comenzó cuando el delantero decidió no participar en compromisos de la Saudi Pro League, molesto con la conducción del club y con la intervención del fondo soberano, que paralizó decisiones clave y frenó negociaciones deportivas. La protesta del portugués tomó la forma de una “huelga” autoimpuesta, una postura inusual para una figura de su peso mediático y deportivo.
El conflicto se intensificó en un contexto de inestabilidad administrativa dentro del Al Nassr. Según reportes periodísticos, el club acumuló atrasos salariales con varios jugadores, una situación que generó tensión interna y puso en duda la gestión del proyecto deportivo que Arabia Saudita impulsa con fuerza desde la llegada de grandes estrellas europeas.
Además, el Fondo de Inversión Pública suspendió a directivos clave del club, entre ellos el director deportivo Simão Coutinho y el director general José Semedo. Estas decisiones afectaron la estructura de mando y la planificación deportiva, lo que aumentó el malestar de Ronaldo, quien exige estabilidad institucional para competir al máximo nivel.
En medio de este panorama, el portugués decidió ausentarse de varios encuentros, incluido el triunfo ante Al Riyadh, como señal de protesta. Su postura se convirtió en un símbolo del caos que atraviesa el fútbol saudí, un proyecto multimillonario que busca posicionarse como potencia global, pero que aún enfrenta problemas de gobernanza y gestión interna.
Tras días de tensión, el club accedió a dos demandas centrales del futbolista: ponerse al día con los salarios atrasados y reincorporar a los ejecutivos suspendidos. Con esos cambios, Ronaldo dio por finalizada su protesta y se preparó para volver a competir con el equipo en la Saudi Pro League.
La ausencia del cinco veces Balón de Oro no pasó desapercibida. En un equipo que lucha por el título local y que invirtió millones en figuras internacionales, la falta de su máxima estrella expuso la fragilidad del proyecto saudí y evidenció que el dinero no garantiza estabilidad deportiva ni institucional.
El caso de Cristiano Ronaldo también abre un debate más amplio sobre el modelo de gestión del fútbol en Arabia Saudita. El control estatal a través del PIF permite inversiones gigantescas, pero también genera interferencias políticas y administrativas que afectan el funcionamiento cotidiano de los clubes y el rendimiento de sus estrellas.
Mientras Al Nassr busca mantenerse en la pelea por el campeonato, el episodio deja una señal clara: incluso en el fútbol más rico del mundo, los conflictos internos pueden detener a la mayor figura del planeta. Y cuando Cristiano se detiene, el mundo del fútbol presta atención.
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